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Manifestantes prodemocracia volvieron a salir a las calles en Hong Kong el domingo en una nueva jornada de presión a las autoridades, un día después de los enfrentamientos con la policía en un barrio turístico de la excolonia británica.

Se trata del octavo fin de semana de manifestaciones masivas, a menudo seguidas de enfrentamientos entre pequeños grupos radicales y la policía, en la megalópolis del sur de China que atraviesa su crisis política más grave desde su retrocesión por Reino Unido en 1997.

Tras los choques del sábado, la agencia de prensa oficial Xinhua denunció las "fuerzas miserables" que amenazan los fundamentos del principio "Un país, dos sistemas" que presidió la retrocesión.

"El Gobierno central no se quedará de brazos cruzados y no dejará que la situación continúe", advirtió la agencia.

Para el lunes se convocó una huelga general, y este domingo, miles de personas participaron en dos manifestaciones distintas, en una de las cuales la policía recurrió a gases lacrimógenos.

"Me siento más preocupada que optimista", confesó Florence Tung, una abogada pasante de 22 años que se encontraba entre la multitud en el barrio residencial de Tseung Kwan O (este).

De acuerdo con el objetivo

"Tenemos la impresión, sin importar cuántos somos, de que no se puede cambiar nuestro gobierno", agregó, en referencia al hecho de que los dirigentes de la ciudad no son elegidos por sufragio universal.

Kai Hou, de 41 años, afirmó por su parte que no puede apoyar las tácticas violentas del ala más radical de los manifestantes, pero está de acuerdo con sus objetivos generales.

AFP/END.

"No todo el mundo aprueba sus acciones radicales, pero su objetivo es simple: quieren que Hong Kong sea un lugar mejor", explicó.

La segunda manifestación se realizó en la isla de Hong Kong, en Kennedy Town (oeste), y debía terminar en un parque cercano a la sede de la Oficina de Enlace, órgano del gobierno central chino.

Los agentes antidisturbios lanzó gases lacrimógenos contra los manifestantes en el distrito elegante de Sheung Wan, no muy lejos de Kenndy Town.

Hace dos semanas, manifestantes lanzaron huevos contra este inmueble próximo a la costa, y vecino de la sede del gobierno local, al que habían hecho pintadas en la fachada.

Pekín multiplica desde entonces las advertencias contra los manifestantes. Esta semana, la guarnición del Ejército Popular de Liberación (EPL) afincado en Hong Kong, difundió también una advertencia en un video en el que mostraba su capacidad de intervención.

Las autoridades locales endurecieron el tono y unos cuarenta manifestantes fueron inculpados por participación en disturbios, un delito sancionable con diez años de prisión, tras los enfrentamientos del fin de semana pasado.

Más de 20 arrestos

El sábado por la noche, el barrio de Tsim Sha Tsui, sector en el extremo sur de Kowloon, justo enfrente de la isla de Hong Kong, fue escenario de disturbios.

La policía lanzó gas lacrimógeno delante de una comisaría, para intentar hacer retroceder a los manifestantes hacia calles normalmente frecuentadas por turistas.

AFP/END.

El cuerpo armado anunció la detención de "más de 20 personas", lo que eleva a más de 200 el número de detenidos desde el 9 de junio.

La crisis estalló para denunciar un proyecto de ley hongkonés -actualmente suspendido- que proponía legalizar las extradiciones a China. Pero el movimiento se transformó en una denuncia por el recorte de libertades en el enclave, exigiendo asimismo reformas democráticas.

Inicialmente muy pacíficas, las protestas se vieron enturbiadas cada vez más por enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

El 21 de julio, al cabo de una protesta masiva, presuntos miembros de las llamadas tríadas -bandas criminales de origen chino que operan en China y Hong Kong- agredieron brutalmente a manifestantes en Yuen Long (noreste), dejando 45 heridos.

La policía bate récords de impopularidad, consideradas por los manifestantes como hombres al servicio de Pekín.

Decenas de miles de personas participaron en cambio el sábado en una contramanifestación para apoyar la acción policial, que fue retransmitida por la televisión pública china.

En virtud del principio "Un país, dos sistemas" con el que el Reino Unido cedió Hong Kong a China, la ciudad goza de libertades desconocidas en el resto del país, en principio hasta 2047. Pero cada vez más hongkoneses temen que Pekín vulnere este acuerdo.