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Las mujeres figuran entre las principales víctimas del cambio climático, pero también podrían ser la clave para ayudar a limitar sus efectos, según un informe de la ONU que se dará a conocer esta semana.

"Hay una falta de reconocimiento de los derechos a las tierras de las mujeres, oficial y tradicionalmente", constata Hindou Oumarou Ibrahim, coordinadora de la Asociación de Mujeres de Pueblos Autóctonos de Chad.

"Los hombres poseen tradicionalmente las tierras y cuando llega la hora de distribuirlas, las dan a los chicos y no a las chicas", explica a la AFP.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) no dice lo contrario: las mujeres representan más de 40% de la mano de obra en países en desarrollo. En los países desarrollados, tienen un papel importante en las explotaciones agrícolas, pero han sido durante mucho tiempo relegadas al rol de "acompañante".

"Menos del 20% de los propietarios rurales de este mundo son mujeres", señala la FAO.

El Grupo Intergubernamental de expertos de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC) está reunido en Ginebra hasta el jueves para analizar un informe crucial sobre el cambio climático, el uso de las tierras y el acceso a todos a una alimentación suficiente. El objetivo es encontrar como alimentar a una población que podría alcanzar los 10.000 millones de habitantes a mediados de siglo, pero limitando el calentamiento climático y la degradación de la naturaleza.

El lugar específico de las mujeres es tratado en varias ocasiones en este documento de 1.200 páginas, según una copia a la que ha tenido acceso la AFP.

"En las poblaciones, las mujeres, los más jóvenes, las personas mayores y los pobres son los más expuestos" a las consecuencias del cambio climático, destaca un borrador del resumen del informe.

Gestionar las tierras de forma sostenible

"En numerosos países en desarrollo y en las comunidades rurales, las mujeres tienen un papel activo en el cultivo de alimentos para la familia", pero también en el abastecimiento de agua potable, afirma la española Reyes Tirado, investigadora parala oenegé Greenpeace.

Cuando se complica el acceso al agua por culpa del cambio climático, mujeres y niñas se ven directamente impactadas, advierte.

En la agricultura, las mujeres se ven confrontadas a otras dificultades: tienen "menos posibilidades que un hombre de ser propietarias de tierras o de ganado, de adoptar nuevas tecnologías, de tener acceso a créditos o a otros servicios financieros, o de beneficiarse de una formación", precisa la FAO.

"Si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, ellas podrían aumentar de 20 a 30% el rendimiento de su explotación (...) Aumentos de producción de esta envergadura podrían reducir de 12, o 17%, el número de personas que padecen hambre en el mundo", calcula la FAO.

El informe del IPCC pone de relieve la importancia de dar más poder a las mujeres.

La primera cosa que se debe hacer es reconocer sus especificidades, estima Teresa Anderson, de la oenegé ActionAid. "Los dirigentes suelen partir del principio que el hombre es el ser humano por defecto y eso se aplica a los agricultores", ironiza. "Pero las mujeres hacen las cosas de forma diferente y se enfrentan a retos específicos".

"La mayoría de veces, las agricultoras son las que alimentan a las comunidades, mientras que los hombres venden" su producción, agrega Hindou Oumarou Ibrahim.

"Son las mujeres las que alimentan a sus hijos, entonces denles una mejor parcela de tierra y ayuden" a estas mujeres, aconseja.

Otra medida eficaz es la formación de cooperativas de mujeres, para darles más voz, según la coordinadora.

Así, las mujeres pueden contribuir a modificar las prácticas agrícolas y las costumbres alimentarias, elementos importantes en la lucha contra el calentamiento climático y la degradación de los suelos.

Son las mujeres las que se ocupan casi siempre de los hijos. "El IPCC recalca que necesitamos cambios transformacionales en el sector alimentario. Las mujeres tienen un papel clave en la educación (...) y en la evolución de los hábitos de consumo", explica Fernanda Carvalho de WWF.