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La movilización en Hong Kong, originalmente centrada en el rechazo a un proyecto de ley de extradiciones, se ha transformado en dos meses en un desafío largo y violento al poder chino, en una especie de guerra de desgaste.

La marea humana que invadió pacíficamente las calles de la excolonia británica el 9 de junio tenía el objetivo de decir "no" a un proyecto de ley con el que el gobierno local pro-Pekín iba a permitir extradiciones a China.

Pero ahora Hong Kong es, casi cada tarde, escenario de enfrentamientos entre manifestantes y policías que usan gases lacrimógenos y balas de goma.

AFP/END.

"No hay opción"

A medida que las cosas se agravaban, el gobierno central ha recurrido a la amenaza y los manifestantes a las acciones de choque.

Manifestantes han invadido el parlamento local, asediado estaciones de policía, paralizado el metro y multiplicado manifestaciones simultáneas para poner a prueba la capacidad de las fuerzas de seguridad.

"Debemos seguir en las calles, luchando, no tenemos opción. El gobierno no quiere escucharnos", dijo una manifestante que dijo llamarse "Lo", mientras que la estación de policía de Wanchai (centro) era blanco de una lluvia de piedras.

En la primera manifestación del 9 de junio hubo algunas escaramuzas; pero nadie podía imaginar que la situación cambiara tan rápidamente.

Los manifestantes arrojan gases lacrimógenos disparados por la policía. AFP/END.

La consigna que más se escuchaba entonces era "chit wui" ("retiro"), en referencia al proyecto de ley.

Ahora es "Retomar Hong Kong, la revolución de nuestro tiempo", un lema inventado por un independentista actualmente detenido.

"Los que juegan con fuego"

"Ustedes nos han enseñado que las marchas pacíficas no sirven de nada", se lee en los muros.

La jefa del ejecutivo de Hong Kong, Carry Lam, designada por Pekín, suspendió el proyecto de extradición pero no ha hecho ninguna otra concesión. Los manifestantes exigen su dimisión.

La directora ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam. AFP/END.

Lam los acusó el lunes de querer "derribar" a Hong Kong y "destruir" la vida de sus habitantes.

Ella ha recibido el apoyo total del gobierno chino, que el martes advirtió que no se subestimara su poder: "los que juegan con fuego, mueren quemados".

Según los expertos, parece inevitable que haya más enfrentamientos.

"Habrá una escalada en la confrontación entre los manifestantes y la policía", previó el politólogo Willy Lam, quien reconoce que es "difícil anticipar el final".

Pekín gana tiempo

Para el analista, los manifestantes podrían detenerse si Pekín autorizara a la jefa de gobierno a hacer concesiones -su renuncia o la apertura de una investigación sobre los sucesos- o si China envía a su ejército o su policía.

Pero las dos opciones son riesgosas para la reputación del presidente chino Xi Jinping, quien sería señalado de ser muy débil o muy duro.

Xi Jinping, presidente de China. EFE/END.

El presidente chino no quisiera --estima el analista-- que la crisis eclipse las celebraciones en octubre del 70 aniversario de la fundación del régimen.

Puede ser también que Pekín gane tiempo y apueste a la degradación de la crisis.

La táctica, acompañada de la intimidación de los líderes y a veces de su arresto, fue usada durante el "movimiento de los paraguas" que paralizó el centro de Hong Kong durante 79 días en 2014.

"A medida que se prolongada la movilización, buena parte de la población se desvinculaba debido a las molestias que creaba en su vida cotidiana y a que Pekín no hacía ninguna concesión", recordó el politólogo.

Pero la determinación parece más fuerte esta vez entre los manifestantes, muchos de los cuales piensan que sus libertades se han degradado por el control de Pekín.