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Con su eslogan "los italianos primero", repetido con insistencia en las redes sociales, Matteo Salvini, el otrora secesionista lombardo reconvertido en soberanista, dinamitó la derecha italiana, fagocitó a sus aliados del Movimiento 5 Estrellas (M5E) y ahora espera gobernar solo.

Este determinado milanés de 46 años, que llegó en 2013 a la cabeza de un partido al borde del abismo, hizo de la Liga (la antigua Liga Norte) una formación nacionalista de éxito que superó en las urnas a su aliado Silvio Berlusconi (derecha), al que dejó de lado para formar una mayoría gubernamental con los antisistema del M5E.

Hijo de un empresario y una ama de casa, Salvini nació y se crió en Milán, la capital de Lombardía, donde asistió a la escuela católica, fue scout, siguió los partidos del Milán AC e inició su actividad política.

Con 17 años empezó a militar en la Liga Norte y fue elegido concejal de Milán con 20 años. Después empezó a trabajar como periodista en el diario La Padania y en la emisora de radio Padania Libera, ambos cercanos a su partido, donde desarrolló una eficaz capacidad oratoria. Y en 2004, el euroescéptico Salvini entró al Parlamento Europeo.

Matteo Salvini. AFP/END.

Pero a medida que su figura ascendía, su partido se hundía. Su jefe y fundador, Umberto Bossi, enfermo e involucrado en un escándalo de corrupción, fue retirado del cargo en 2012. En las legislativas de 2013, la formación apenas registró 4% de los votos.

Al llegar a la cúpula del partido en 2013, Salvini cambió su discurso, dirigiendo a Bruselas las críticas que Bossi lanzaba antes contra el desperdicio y los "diktats" de Roma.

"Comunista a la antigua"

Reacio a trajes y corbatas, permanentemente enojado y dotado de un aplomo infalible, Salvini se volvió rápidamente omnipresente en los medios, con un tono directo y alejado de lo políticamente correcto.

Aliado con el Frente Nacional francés de Marine Le Pen y gran admirador de Vladimir Putin y Donald Trump, el jefe de la Liga suele emprenderla con los inmigrantes, el islam, el euro y las uniones entre homosexuales.

Vladimir Putin, presidente de Rusia. AFP/END.

"He oído de todo. Que soy un criminal, un racista, un fascista", suele decir. Pero "yo soy un comunista a la antigua, conozco más fábricas que esa gente [de izquierda] que solo se junta con banqueros".

También se presenta como defensor de los valores cristianos, a pesar de sus críticas a los esfuerzos del papa Francisco a favor de los migrantes y de su agitada vida privada. Tiene dos hijos, de 6 y 15 años, de dos mujeres diferentes, el año pasado se separó de su compañera y ahora se deja ver con una joven 20 años menor que él.

Siempre insiste en su intransigencia con los inmigrantes, a pesar de que los flujos de llegada ya se había reducido drásticamente antes de su elección y de que su política de "puertas cerradas" no impide el arribo de algunos centenares cada mes.

Entre sus promesas cumplidas, suprimió los permisos de residencia humanitarios, amplió el concepto de legítima defensa, redujo la edad de jubilación y reforzó los servicios de policía.

En cambio, el estancamiento económico dificulta sus promesas de espectaculares reducciones de impuestos, las expulsiones de sin papeles están en punto muerto, su intento de crear una unión populista en la Eurocámara acabó por aislar a Italia y hay una investigación en curso por sospechas de que Rusia financió su partido.

AFP/END.

Eso no impide, no obstante, que haya registrado un gran avance entre la opinión pública. El 17% logrado en las legislativas de marzo de 2018 se convirtió en un 34% en las europeas de mayo, y los sondeos le otorgan actualmente entre 36% y 38% de las intenciones de voto.

Este éxito se debe en gran medida a su optimización de las redes sociales. Además de estar omnipresente en los medios de comunicación, es gracias a su 1.1 millón de seguidores en Twitter y más de 3.7 millones en Facebook que logra difundir su mensaje "de sentido común", comentando a lo largo del día la actualidad y publicando fotos de sus actividades, sus encuentros, sus lecturas en la playa o incluso sus comidas.