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China concentraba este jueves fuerzas en Shenzhen, ciudad fronteriza con Hong Kong, en medio de la escalada de la crisis por las manifestaciones prodemocracia en la que Donald Trump espera que Pekín actúe con "humanidad" por el bien de las negociaciones comerciales entre las dos potencias.

Pekín "no se quedará cruzada de brazos" si la situación "empeora" y tiene "suficientes medios y suficiente poder para reprimir los disturbios rápidamente", afirmó este jueves el embajador chino en Londres, Liu Xiaoming.

China, que denunció el miércoles las agresiones "de tipo terrorista" contra sus habitantes en los enfrentamientos la víspera en Hong Kong, concentró fuerzas pertenecientes a la policía militar en el estadio de Shenzhen, constató un periodista de la AFP. Los hombres concentrados estaban rodeados de camiones y blindados de transporte de tropas.

Tras dos meses de manifestaciones en Hong Kong a favor de la democracia, Pekín dejó sobrevolar estos últimos días el fantasma de una intervención para restablecer el orden en la excolonia británica.

En medio de la creciente tensión, y en una salva de tuits desconcertantes y anteriores a la novedad de esta concentración de fuerzas, el presidente estadounidense Donald Trump pareció vincular un eventual acuerdo comercial con Pekín a una resolución "humana" del violento enfrentamiento en la excolonia británica.

"Se están perdiendo millones de trabajos en China hacia países sin aranceles. Miles de compañías se están yendo. Por supuesto, China quiere alcanzar un acuerdo. ¡Dejémosles primero solucionar humanamente lo de Hong Kong!", escribió el mandatario en Twitter.

En otro tuit más temprano en un tono diferente, Trump afirmó que el presidente chino Xi Jinping podía "solucionar el problema de Hong Kong rápida y humanamente", proponiendo una "reunión personal".

En Estados Unidos, las críticas se multiplicaron contra Trump por su aparente indulgencia ante Pekín, con quien Washington está implicado en importantes y arduas negociaciones comerciales.

Pekín dejó sobrevolar estos últimos días el fantasma de una intervención para restablecer el orden en la excolonia británica. Foto: AFP/END

Más temprano en la jornada, un portavoz del Departamento de Estado expresó su preocupación por la "erosión continua" de la autonomía de Hong Kong y expresó un apoyo "firme" a los derechos de libertad de expresión y reunión pacífica en la excolonia británica.

- "Actos de tipo terrorista" -

Los manifestantes hongkoneses agredieron el martes a dos habitantes de Chinacontinental durante la importante movilización en el aeropuerto de la ciudad, cuyos vuelos quedaron suspendidos el lunes y el martes.

"Condenamos con la mayor firmeza estos actos de tipo terrorista", advirtió el miércoles en un comunicado Xu Luying, el portavoz de la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao del gobierno chino.

Con estas acusaciones, Pekín asimila las acciones de los manifestantes prodemocracia con el "terrorismo" por segunda vez durante esta semana. Y hace temer una represión militar para sofocar un movimiento surgido hace diez semanas.

La situación derivó en violentos enfrentamientos con la policía. Foto: AFP/END

La Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao en la capital china ya había afirmado el lunes que los ataques de "manifestantes radicales" contra policías representaban un "grave crimen" que muestra "las primeras señales de terrorismo".

El Diario del Pueblo y Global Times, dos medios estatales chinos, difundieron imágenes de blindados transportando tropas dirigiéndose a Shenzhen, a pocos kilómetros de Hong Kong.

- El aeropuerto recupera la normalidad -

Los manifestantes prodemocracia se retiraron del aeropuerto de Hong Kong, que el miércoles recuperó su ritmo normal tras dos días de protestas.

Un centenar de manifestantes se concentraron más tarde el miércoles en el barrio obrero de Sham Shui Po delante de una comisaría, antes de ser dispersados con gases lacrimógenos.

La actual crisis en Hong Kong supone el mayor desafío a la autoridad de Chinasobre ese territorio desde su devolución por Reino Unido en 1997.

Las manifestaciones, que sacaron a las calles a millones de personas, comenzaron en oposición a un proyecto de ley que habría permitido las extradiciones a China. Pero después se transformaron en una protesta más amplia en defensa de las libertades democráticas y contra la influencia de Pekín en el territorio.

Tras haber expresado sus exigencias de forma pacífica en un primer momento, el martes adoptaron unas técnicas más agresivas, creando barricadas con los carritos de las maletas para bloquear a los pasajeros en la zona de salidas del aeropuerto.

Por la noche, la situación derivó en violentos enfrentamientos con la policía y en altercados con pasajeros.