• Beirut, Líbano |
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  • AFP

El régimen sirio reconquistó la provincia de Deraa, en el sur de Siria, cuna del levantamiento anti-Asad donde reina la inestabilidad pese al inverosímil e inédito compromiso con los rebeldes del sector.

En Deraa se iniciaron las manifestaciones prodemocráticas en marzo de 2011, en el marco de las primaveras árabes, antes de ampliarse a otras regiones.

Luego de su represión sangrienta por las fuerzas del presidente Bashar al Asad, estalló una guerra civil en Siria.

Bashar al Asad, presidente de Siria. Archivo/END

También es, paradójicamente, la única región donde los rebeldes no desertaron tras la reconquista en julio de 2018 por el poder, pues la mayoría decidió quedarse en virtud de un acuerdo negociado por Rusia, aliado del gobierno sirio.

Estos ex rebeldes pudieron entrar a un batallón del ejército o conservaron el control de zonas del oeste, el este y del sur de la provincia, y de algunos barrios de la cabecera de Deraa. En virtud del acuerdo, obtuvieron armas ligeras.

La presencia del ejército se limita a retenes erigidos en la periferia de esas zonas, o de los ex rebeldes que se ocupan ahora del mantenimiento de la seguridad, según el Observatorio sirio de derechos humanos (OSDH). Las instituciones del Estado, entre ellas la policía, regresaron a la provincia.

Comparativamente, en los barrios rebeldes de Alepo (norte) o en la Guta oriental, cerca de Damasco, todos los grupos insurgentes tuvieron que partir cuando ocurrió la reconquista por parte del régimen por medio de devastadoras ofensivas.

"Lo que ocurrió en Deraa no sucedió en ninguna otra parte", confirma Salam, residente que habló bajo seudónimo. Pese al compromiso inédito entre ex enemigos, que evitó destrucciones como las ocurridas en Alepo o en la Guta, el descontento continúa.

"Reservas de armas en manos insurgentes"

En marzo, manifestantes protestaron contra la reinstalación de una estatua de Hafez al-Assad, ex presidente y padre del actual, ocho años después de su destrucción.

"El carácter único de Deraa reside en que las estructures de la oposición siguieron intactas", explica Alex Simon de la red Synaps, centre de reflexión con sede en Beirut.

Aquí el gobierno es "relativamente permisivo", subraya este experto. Explica que el régimen trata de "poner al abrigo" a un ejército "agotado" tras ocho años de guerra.

Luego de la represión sangrienta por las fuerzas de Bashar al Asad, estalló una guerra civil en Siria. Archivo/END

Según él, las antiguas facciones rebeldes reemplazan "al régimen y a los rusos" en los sectores donde el ejército sirio está ausente.

"Pero hay un riesgo: las reservas de armas (en manos de los insurgentes) y el sentimiento anti-Asad latente son propicios para que haya explosiones de violencia"", agrega.

La proliferación de armas en una provincia donde el sentimiento anti-Asad sigue siendo fuerte "propiciará la formación de células durmientes " contra el régimen, subraya el opositor Omar al-Hariri. Si las fuerzas del régimen no han tomado del todo Deraa es también a causa de su posición geográfica sensible: es frontera con Israel.

El Estado hebreo no vería con buenos ojos un despliegue de fuerzas aliadas del régimen sirio como las del Hezbolá libanés en su frontera y por eso llegó a un acuerdo con Rusia para que eso no suceda, según expertos.