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El gobierno afgano expresó este miércoles sus dudas sobre la posibilidad de un acuerdo entre Estados Unidos y los talibanes, declarándose "preocupado" y asegurando que las autoridades necesitan más información sobre sus posibles riesgos.

El enviado especial estadounidense para Afganistán, Zalmay Khalilzad, estaba esta semana en la capital afgana, donde compartió con responsables afganos los elementos de un acuerdo "de principio", negociado con los talibanes.

En especial debe permitir una retirada significativa de las tropas estadounidenses del territorio afgano, a cambio de que los talibanes den garantías de que no albergarán a grupos extremistas como la red yihadista Al Qaida en el país.

Zalmay Khalilzad. AFP/END

Pero numerosos afganos temen que Washington sacrifique la defensa de sus intereses a cambio de una retirada que ponga fin a un conflicto de 18 años. Principalmente les preocupa que los talibanes cambien las libertades públicas adquiridas y rechacen una repartición del poder con el actual gobierno.

El gobierno de Kabul está "preocupado y por eso pedimos clarificaciones sobre este documento para poder analizar con cuidado los riesgos y las potenciales consecuencias, y prever así cualquier peligro que pueda provocar", escribió en Twitter Sediq Sediqqi, el portavoz del presidente afgano, Ashraf Ghani.

Se trata de la primera reacción oficial de Kabul al proyecto, que le comunicó Khalilzad el lunes.

Ghani y su gobierno quedaron al margen de las negociaciones entre Estados Unidos y los talibanes, que consideran al presidente afgano como ilegítimo.

Sediqqi explicó que su gobierno compartía las "preocupaciones" sobre el proyecto de acuerdo, expresadas la víspera por exrresponsables estadounidenses.

No a un alto el fuego

Estos últimos advirtieron el martes en una carta abierta sobre la posibilidad de una retirada apresurada de los soldados estadounidenses, antes de que realmente vuelva la paz al país.

"Una retirada mayor de las fuerzas estadounidenses debería seguir y no preceder a un verdadero acuerdo de paz", estimaron los signatarios de esta tribuna, entre ellos cinco exembajadores, los cuales se encontraban en puestos en los años siguientes a la invasión estadounidense de 2001, tras los atentados del 11 de septiembre de ese año.

Según los primeros elementos publicados, el proyecto prevé una retirada inicial, en 135 días, de cinco bases en las que están presentes las fuerzas estadounidense. Al cabo de esta primera etapa, 8.600 soldados estadounidenses permanecerían en Afganistán, frente a los entre 13.000 y 14.000 en la actualidad.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. AFP/END

A cambio de esta retirada, los insurgentes se comprometerían a una "reducción de la violencia" en algunas zonas -pero no a un alto el fuego-, a garantizar que los territorios que controlan no puedan servir de retaguardia a organizaciones "terroristas" y a entablar por primera vez negociaciones de paz directas con el gobierno de Kabul. Este último queda a merced de la buena voluntad de los talibanes de cumplir este compromiso.

El presidente estadounidense, Donald Trump, deberá examinar el proyecto de acuerdo esta semana. Pero la posibilidad de una firma no ha hecho mermar el nivel de violencia en el país.

Los talibanes reivindicaron un ataque en la capital afgana el lunes, contra un vasto complejo de agencias de ayuda y de organizaciones internacionales. La explosión de un tractor bomba mató a al menos 16 civiles e hirió a 119 personas.

También desencadenaron el sábado una ofensiva para intentar apoderarse de la ciudad estratégica de Kunduz, en el norte del país, seguida de una operación en la capital de la provincia vecina de Baghlan.