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El nuevo presidente ucraniano Volodimir Zelenski logró un importante triunfo político al propiciar un intercambio inédito de presos con Moscú el pasado fin de semana, pero este paso adelante puede exigir a Kiev peligrosas concesiones en el futuro, según expertos.

En el cargo desde mayo, Zelenski, un exactor que se estrena en la política, cumplió una de sus promesas electorales al obtener el visto bueno del presidente ruso Vladimir Putin para la liberación, el sábado, de los 35 presos ucranianos más conocidos, entre ellos el cineasta Oleg Sentsov y los 24 marineros capturados en un incidente naval a finales de 2018.

"Políticamente, es un gran triunfo para Zelenski", afirma el analista político ucraniano Volodimir Fesenko.

Cualquier intercambio con Moscú estaba bloqueado desde hacía tres años y los prisioneros ucranianos fueron recibidos en Kiev por el jefe de Estado como héroes nacionales.

Volodimir Zelenski, presidente de Ucrania. AFP/END.

Pero a cambio, Zelenski tuvo que entregar a Moscú a un exlíder militar de los separatistas prorrusos, considerado un testigo clave en la catástrofe del avión MH17 de la compañía Malaysia Airlines, derribado hace cinco años en una zona de guerra al este de Ucrania.

Ahora que los investigadores internacionales han establecido que el Boeing fue derribado por un misil ruso, esta decisión molestó a Holanda, que perdió a 196 ciudadanos en este accidente.

La Haya había pedido en vano a Kiev que no entregara este prisionero a Rusia, que niega cualquier implicación en esta catástrofe.

"Un alto precio"

"Entregar a un sospechoso del caso del MH17 es un precio alto" que se paga a cambio de un "paso modesto hacia la paz", consideró la publicación británica The Economist.

Para el diario alemán Bild, se trata incluso de un "triunfo doble" para Putin, que recupera al único sospechoso detenido y logra que Europa pierda parte de su confianza en Ucrania, que ha hecho oídos sordos a la petición de Holanda".

Vladimir Putin, presidente de Rusia. EFE/END.

El apoyo occidental frente a Moscú es esencial para Kiev, cuyas relaciones con su vecino viven una crisis sin precedentes desde la anexión por parte de Rusia en 2014 de la península de Crimea, seguida de la guerra con los separatistas, que dejó desde entonces un saldo de cerca de 13,000 muertos.

Ucrania y parte de la comunidad internacional acusan a Rusia de haber instigado esta guerra y de dar a los rebeldes milicianos y armas, entre ellas el misil que derribó el MH17, algo que Moscú sigue negando.

Pero la comunidad internacional, que impuso sanciones contra Rusia, está cansada después de cinco años de un conflicto que no avanza y podría aprovechar el momento para presionar a Zelenski y obligarle a realizar otras concesiones.

"Está claro que se nos va a intentar obligar a resolver nuestros problemas con Rusia. El mundo está harto", afirma una fuente oficial ucraniana.

Según esta fuente, que sigue de cerca el caso, las autoridades de Kiev necesitarán ser fuertes para "obtener lo máximo en esta situación", sin olvidar el deseo de Rusia de que las sanciones desaparezcan. "Pero hay posibilidades de que la situación evolucione", afirmó.

Para Volodimir Fesenko, "la comunidad internacional tiene que entender que hay unos límites que Ucrania no traspasará".

Pero en su precipitación para lograr un acuerdo, el presidente ucraniano, que desea por encima de todo terminar con este conflicto y recuperar los territorios separatistas, corre el riesgo de "caer en la trampa tendida por Putin", advierte este analista.

En este contexto, los jefes de Estado ucraniano, ruso, alemán y francés prevén reunirse en septiembre, una cumbre que ya provoca reticencias en Ucrania.