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Los defensores de los derechos de las mujeres vuelven a las calles este miércoles en Japón, como lo hacen desde hace seis meses, en protesta por una ley "desactualizada" que ha permitido que un hombre permanezca libre aunque fue declarado culpable de violar a su hija durante años.

Un tribunal japonés descubrió que el hombre violó a su hija entre los 13 y los 19 años, usando la violencia cuando ella se resistió.

La sentencia indica que todos los contactos se realizaron "contra la voluntad" de la niña y que ella estaba bajo la influencia psicológica de su padre debido a los repetidos abusos.

Protestas ante la falta de protección legal para las víctimas de agresión sexual en Tokio. AFP/END.

Pero sin embargo no se ha pronunciado una sentencia de prisión con el hombre porque legalmente corresponde a la fiscalía demostrar que hubo uso de fuerza abrumadora, amenazas o que la víctima fue totalmente incapaz de resistir.

El fallo es objeto de una apelación pero ha desatado un escándalo y cientos de personas se manifestaban el miércoles en todo el país como lo hacen el día 11 de cada mes.

En ese cuadro, la joven debe probar que, a pesar de la violencia utilizada para someterla, ella hizo todo lo posible por escapar.

"La ley DEBE proteger a las víctimas, NO a los perpetradores", se podía leer en una las pancartas usadas en la protesta. Una petición en línea que solicita una revisión de la ley ya ha recogido más de 47,000 firmas.

"No puedo tolerarlo más"

Para Jun Yamamoto, quien fue abusada por su padre entre 13 y 20 años, esta decisión judicial es tristemente familiar. "¡Es como si todo recomenzara!", dice la enfermera de 45 años que trabaja por los derechos de las víctimas de delitos sexuales.

"La justicia japonesa no considera el abuso sexual como un delito, y no puedo tolerarlo más", lamentó.

"Cuando nos sorprende una persona en la que se supone que deberíamos confiar, eso nos dejara paralizados, en estado de shock, incapaces de defendernos", dijo Yamamoto.

"Incluso en un caso en el que un padre violó a su hija, el tribunal dijo que ella podría haberse resistido y liberarse", dijo, con la voz temblorosa de ira. "Esta situación legal es realmente un problema grave", concluyó.

La abogada Yukiko Tsunoda subraya que "cuando se creó el Código Penal en 1907, Japón era una sociedad extremadamente patriarcal".

"La violación fue criminalizada para asegurar que una mujer casada tuviera un hijo solo de su esposo y que ningún otro hombre pudiera tener ninguna relación con ella (...) Fue una ley de castidad únicamente para el servicio de un esposo o un padre ", dijo.

"'¿Quien querrá proteger a una mujer que tan fácilmente deja que un violador actúe después de unos pocos golpes?' Éste era el estado mental en ese momento", agregó.

En opinión de Tsunoda, los principios sexistas están profundamente arraigados en el sistema judicial japonés y cuestionan sistemáticamente los derechos de las mujeres, lo que, según ella, explica por qué Japón ocupa el puesto 110 entre 149 países en el último informe del Foro Económico Mundial sobre la desigualdad entre los sexos.

¿Un país seguro?

En 2017, Japón revisó por primera vez en 110 años los artículos del Código Penal sobre agresión sexual, para reconocer a las víctimas masculinas y aumentar la pena mínima de prisión por violación de tres a cinco años.

Pero la necesidad de que una víctima deba demostrar que no podía resistir permaneció en la ley, a pesar de las protestas de los expertos en ese momento.

AFP/END.

El caso debería reabrirse el año próximo, pero aún no es claro si el tema será discutido.

Entre las demandas expresadas en la petición para revisar la ley, el abandono del "requisito de prueba" sobre la incapacidad de defenderse es "el que obtiene el mayor apoyo", dijo un funcionario del ministerio de Justicia.

Mientras tanto, en un país donde el movimiento #MeToo no ha experimentado un impulso real, las voces de quienes defienden a las víctimas de abuso sexual se escuchan gradualmente un poco más.

"En Japón, con su reputación de uno de los países más seguros del mundo, he sido objeto de abuso sexual desde los tres años, obligada a acostumbrarme y aprender a vivir con ello", dijo Wakana Goto, de 28 años, con la voz temblorosa, a manifestantes durante una de las protestas.