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Las frías relaciones que Zimbabue mantuvo con los países occidentales durante el gobierno autoritario del ahora fallecido Robert Mugabe, están empezando a descongelarse, según el jefe de su diplomacia, pese a las críticas por varios episodios recientes de represión.

"Se puede observar en este momento lo que llamo un deshielo de nuestras relaciones con Reino Unido y, en general, con Europa", celebró el ministro de Relaciones Exteriores, Sibusiso Moyo, durante una entrevista con la AFP.

"Pienso que se han hecho progresos reales", insistió.

Desde que el ejército puso hace dos años punto final a los 37 años de gobierno de mano dura de Mugabe, quien murió el 6 de septiembre a los 95 años, su sucesor Emmerson Mnangagwa, intenta recuperar el prestigio de su país a nivel internacional.

La Unión Europea (UE) y Estados Unidos mantienen desde hace casi 20 años sanciones contra Zimbabue, principalmente contra la familia y los allegados de Mugabe -"héroe" de la independencia convertido en déspota-, acusados de actos de violencia y fraudes electorales.

"Zimbabue ha estado aislado durante los últimos veinte años (...) es imposible para sobrevivir así", explica Moyo.

Inmerso durante casi veinte años en una crisis económica que ha precipitado a una gran parte de su población en la miseria, el país necesita desesperadamente inversión extranjera para salir de ella y, por lo tanto, un levantamiento de las sanciones.

La UE pidió al gobierno de Zimbabue "respetar los derechos humanos y el Estado de derecho". AFP/END

El presidente Mnangagwa aprovechó el funeral de su predecesor este sábado para pedir el levantamiento "incondicional e inmediato" de las sanciones. "Líbrennos de eso. No lo merecemos", aseveró.

Moyo asegura que su gobierno emprendió reformas, en particular para retirar del arsenal jurídico varias leyes, como la relativa al mantenimiento del orden público, que los países occidentales consideraban antidemocráticas.

Apoyo a los negocios

Su país también reabrió sus puertas a los periodistas y a los observadores extranjeros, principalmente durante las elecciones de 2018.

La UE redujo "de forma espectacular" sus sanciones, se felicita Moyo, para quien eso es un "claro signo de nuestra aceptabilidad".

También considera que la presencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Harare es un "apoyo (...) para volver a hacer negocios con Zimbabue".

Por el contrario, Washington rechazó seguir a Bruselas en ese terreno y prolongó en marzo pasado las sanciones contra Mugabe, Mnangagwa, un ex funcionario de su régimen, y un centenar de personalidades o empresas zimbabuenses.

Según Moyo, se mantienen sin embargo vínculos entre las dos capitales. "Lo bueno es que estamos hablando", estima, convencido de que las divergencias "pueden ser resueltas".

Pero las prácticas represivas de los nuevos dirigentes del país siguen preocupando a los países occidentales.

Zimbabue ha estado aislado durante los últimos veinte años. AFP/END

El año pasado, el ejército abrió fuego sobre manifestantes opositores que exigían la publicación de los resultados de las elecciones generales para evitar fraudes, lo que dejó al menos seis muertos.

Luego, en enero pasado, las fuerzas del orden disolvieron brutalmente una serie de manifestaciones contra el alza brutal de los precios de los combustibles. La sociedad civil denunció métodos "peores" que bajo la era Mugabe e informó de al menos 17 muertos, detenciones arbitrarias y torturas.

"A veces, algunos obstáculos hacen descarrilar el proceso o frenan la velocidad a la que esperábamos" reorientar la situación, asegura Moyo, refiriéndose a incidentes "desafortunados y lamentables".

Tras los disturbios de enero, la UE pidió al gobierno de Zimbabue "respetar los derechos humanos y el Estado de derecho".

"Los esfuerzos de Zimbabue por promover la inversión y profundizar sus relaciones internacionales sólo pueden lograrse si estas exigencias esenciales son satisfechas", recordó Bruselas.