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  • AFP

China y Rusia vetaron el jueves una resolución que buscaba imponer un alto al fuego en la provincia de Idleb, al noroeste de Siria, y que fue aprobada por 12 miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU).

Este es el veto número 13 de Rusia a una resolución sobre Siria desde el comienzo del conflicto en 2011, lo que subraya la situación de punto muerto sobre el asunto en el seno del Consejo. Guinea Ecuatorial, un miembro no permanente, se abstuvo en la votación.

El texto de la resolución, impulsada por Alemania, Bélgica y Kuwait, había sido negociado durante 15 días.

Rusia solicitó sin éxito que el alto el fuego incluyera exenciones para "operaciones terroristas", mención que resultó inaceptable para los países occidentales.

Los tres coautores sí aceptaron una referencia a "medidas terroristas" con la condición de que respeten el derecho internacional, señaló Alemania.

El embajador ruso ante la ONU, Vassily Nebenzia, denunció "el aumento del activismo humanitario" de otros miembros del Consejo de Seguridad en cada avance de recuperación de territorios por el gobierno sirio, apoyado por Moscú.

"Es la misma canción, los terroristas se convierten en representantes de la oposición", bromeó el diplomático.

"La resolución tenía fallas desde su origen", dijo Nebenzia, y acusó los países que la apoyaron de generar deliberadamente una división en el Consejo de Seguridad, a pocos días de la reunión de líderes mundiales en la Asamblea General de la ONU, que se realizará la próxima semana.

Contrapropuesta inaceptable

La resolución alternativa propuesta por Rusia y China como respuesta tampoco obtuvo aprobación durante la sesión del jueves.

El texto promovido por las potencias eurasiáticas especificaba que el cese del fuego no aplicase a individuos, grupos o entidades "asociadas con grupos terroristas".

Las naciones occidentales del Consejo de Seguridad calificaron la contrapropuesta como inaceptable, porque dejaba un amplio margen para la interpretación y podría no cumplir el objetivo de detener el bombardeo sobre población civil.

"Bombardear hospitales, escuelas a instalaciones civiles no es de ayuda en el combate contra el terrorismo", aseguró Marc Pecsteen, embajador de Bélgica ante la ONU.

Rusia ha apoyado militarmente a las fuerzas del presidente sirio Bashar al Asad, que desde hace cuatro meses desarrollan una sangrienta campaña para tomar la provincia de Idleb, en el noroeste de Siria, bajo control yihadista.

"No debemos politizar el asunto humanitario", sostuvo por su parte el embajador de China ante ONU, Zhang Jun, quien pidió la participación de todas las partes en la reconstrucción de Siria.

Su par francés, Nicolas de Riviere, destacó por su lado que "mientras no haya una solución tanto del lado humanitario como del político", ni Francia ni los países europeos ni otros países se unirán a un plan de reconstrucción.

Desde abril de 2019, cuando se retomaron los bombardeos sobre la provincia de Idleb, cerca de 1,000 civiles han muerto, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

La ONU advierte desde hace meses el deterioro de la situación humanitaria en esta provincia en la que viven unos 3 millones de personas, incluidos 1 millón de niños.