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WASHINGTON / AFP

La política de apertura del presidente estadounidense Barack Obama enfrenta obstáculos más grandes que los previstos, tras el cuestionamiento a las elecciones en Irán, las condiciones puestas por Israel para aceptar un Estado palestino y las provocaciones nucleares de Corea del Norte.

Estados Unidos se contentó con afirmar que está “profundamente preocupado” por la violencia desatada tras las presidenciales iraníes, y que “observa con cautela los hechos que están ocurriendo en Irán”, en palabras del portavoz del Departamento de Estado, Ian Kelly.

Mientras centenares de miles de iraníes participaban de una manifestación prohibida para protestar por lo que consideran un fraude, el portavoz estadounidense --a diferencia de la posición europea-- se cuidó de expresar abiertamente el apoyo de un gobierno preocupado por mantener su “mano tendida” a Irán.

“Estamos profundamente preocupados por los reportes de detenciones violentas y presuntas irregularidades en los comicios”, dijo Kelly. “Pero también debemos tener en cuenta nuestros intereses nacionales”, subrayó.

Poco antes, el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, había dicho que, “evidentemente, seguimos inquietos ante lo que vimos”.

Karim Sadjadpour, experto en Irán del Carnegie Endowment for International Peace, dijo que una intervención estadounidense en el debate interno iraní podía tener efectos contrarios a los buscados por Obama.

“Si intervenimos de forma prematura en el debate político iraní, nos arriesgamos a dañar de manera involuntaria a los que buscamos ayudar”, afirmó, opinando que el gobierno estadounidense debe seguir diciendo que observa lo que ocurre en Irán con “interés e inquietud”.

El reto de Israel

En otro escollo a la nueva política de apertura de Estados Unidos, Israel sigue sin aceptar detener la colonización en los territorios que ocupó, lo cual es uno de los principales obstáculos al diálogo para la paz con los palestinos.

Diez días después del discurso de reconciliación de Obama con el mundo musulmán en El Cairo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, excluyó el domingo congelar la colonización, retirarse de la parte árabe de Jerusalén ocupada por los israelíes, y permitir el regreso de los refugiados palestinos expulsados cuando la creación del Estado de Israel en 1948.