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LIMA / AFP

El gobierno peruano puso fin a una prolongada huelga en el sudeste del país, pero un nuevo conflicto estalló y se mantienen otros dos focos de tensión regional con paros y bloqueos de rutas, uno de ellos generado por trabajadores de la minera estadounidense Doe Run.

La normalidad volvió a la provincia de Andahuaylas, 900 km al sudeste de Lima, tras un acuerdo entre el primer ministro Yehude Simon con líderes regionales que permitió reabrir carreteras y el aeropuerto regional.

Representantes de los campesinos señalaron que si el gobierno incumple un acta suscrita al final de las negociaciones, sobre todo en lo relativo al inicio de la construcción de una carretera hacia el vecino departamento de Ayacucho, el paro regional se retomaría en setiembre.

La tranquilidad en Andahuaylas contrasta con la paralización en Sicuani, provincia del departamento de Cusco --1,100 km al sudeste--, donde cientos de campesinos exigen desde hace más de diez días solución a sus demandas regionales, como el rechazo a que se otorguen concesiones mineras en esa zona.

Simon viajó ayer miércoles a Sicuani e inició tratativas con los dirigentes de la protesta.

Suspendido servicio de trenes

En la región de Cusco, el servicio de trenes hacia el santuario arqueológico de Machu Picchu fue suspendido este miércoles por el anuncio de bloqueos y movilizaciones de campesinas que llegaron de Sicuani, informó la empresa Perú Rail, concesionaria de la ruta ferroviaria.

La decisión de la empresa es una medida de precaución para resguardar la integridad de cientos de turistas extranjeros que a diario viajan en tren al complejo arqueológico, la mayor atracción turística de Perú.

En el departamento de Puno, fronterizo con Bolivia, se inició un paro campesino de tres días para exigir al gobierno se derogue la ley de aguas, que considera a ese recurso como patrimonio nacional, lo que podría significar su privatización, según temen los campesinos.

Entre tanto, por tercer día consecutivo la estratégica Carretera Central, que une la capital con la región centroandina y selva central del país, continuaba bloqueada por trabajadores de la minera Doe Run, del grupo Renco de Estados Unidos.