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  • Agencias

El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, volvió a desafiar a la justicia y al Congreso hondureños, que han tildado de "ilegal" la consulta del domingo para pedir a la población si quiere una reforma de la Constitución, ante el ruido de sables de los militares.

Esta mañana, cientos de militares fueron desplegados por unas horas por varios puntos de la capital, cuyas principales instituciones estaban vigiladas por soldados fuertemente armados, mientras la capital recuperaba la calma al final de la tarde. "Se hicieron algunas movilizaciones muy temprano de la mañana porque se tenía información que algunos grupos querían causar disturbios", explicó el portavoz castrense, teniente coronel Ramiro Archaga.

Zelaya había destituido anoche al jefe del Estado Mayor Conjunto, general Romeo Vásquez, al negarse a acatar la orden de repartir las urnas y el material electoral para el domingo. Toda la cúpula militar y el ministro de Defensa, Edmundo Orellana renunciaron a sus cargos en solidaridad con Vásquez. La Corte Suprema de Justicia, en una decisión unánime, ordenó hoy al presidente a que restituya a Vásquez en su cargo, mientras el Congreso Nacional, en una sesión extraordinaria, también adoptó un decreto en el que rechaza dicha destitución.

"La consulta no se para"
"La consulta del domingo no se para", sentenció Zelaya quien, en abierto desafío y una clara lucha de poderes, y seguido por centenares de seguidores forzó los portones de la base aérea militar Acosta Mejía, en un costado del aeropuerto de Toncontin de la capital, después de conocer las decisiones del resto de los poderes del Estado. El propio presidente cargó las cajas con el material y las urnas que llegaron en un avión procedente de Venezuela, según fuentes de la base, para trasladarlas a la Casa Presidencial, único lugar, según él, donde iban a estar seguras antes de empezar a distribuirlas el viernes.

El mandatario aspira a modificar la Carta Magna para permitir la reelección presidencial, pero esa iniciativa ha sido tachada de "ilegal" por el Tribunal Supremo de Elecciones, el Congreso y la Fiscalía, además de la mayoría de las organizaciones sociales. El mandatario hondureño, cada vez más solo en su palacio presidencial, quiere que la ciudadanía apruebe la instalación de otra urna en las elecciones generales del 29 de noviembre para decidir si se convoca a una asamblea constituyente.

Zelaya, que termina su presidencia de cuatro años el 27 de enero, argumentó ayer que los cambios que propugna en la Constitución serán para que "la democracia no esté en manos de unos pocos", aunque no mencionó el tema de la reelección, a lo que se oponen las fuerzas políticas. Tras conocer los dictámenes de los diversos órganos del Estado en contra del llamado a las urnas, Zelaya tildó a la Corte Suprema de Justicia de "vergüenza" y calificó de "bárbaros" a los legisladores.

Manuel Zelaya, un terrateniente y empresario amante de los caballos y los aviones, que accedió al poder el 27 de enero de 2006 con el conservador Partido Liberal (PL) ha dado un espectacular giro a la izquierda. Además de integrarse a la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), que ha impulsado el presidente venezolano Hugo Chávez, se ha convertido en uno de los aliados de Cuba en la región.