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BAGDAD / AFP

Las tropas de combate estadounidenses se retirarán el próximo martes de las ciudades iraquíes, cuya seguridad pasará totalmente a manos de las fuerzas de este país devastado por la guerra, en un paso crucial hacia la retirada total de los estadounidenses de Irak.

Pero mientras los soldados norteamericanos se preparan para replegarse, más de 200 personas han muerto en lo que va de mes en actos de violencia, principalmente en dos atentados con bomba en la provincia septentrional petrolera de Kirkuk el sábado (72 muertos) y en el barrio chiíta de Ciudad Sadr en Bagdad el miércoles (62 muertos).

Una vez retiradas de las ciudades, las tropas estadounidenses sólo volverán a entrar en las zonas urbanas si las fuerzas de seguridad iraquíes les piden ayuda.

Ayer jueves, el primer ministro iraquí Nuri al Maliki se apresuró en tranquilizar a la población asegurando que las fuerzas de seguridad de Irak estaban listas para protegerlos y les pidió que informaran al Ejército y a la Policía de cualquier ataque eventual.

“Le aseguramos que las fuerzas iraquíes están listas para la misión, a pesar de algunas violaciones a las medidas de seguridad establecidas, y le aseguramos que el país es más estable y seguro”, dijo Maliki.

Añadió que las “fuerzas de seguridad necesitan más informaciones para lidiar con los efectos sectarios (en alusión a las violencias sectarias de 2006 y 2007) que algunos quieren volver a provocar”.

Las ceremonias de retirada tendrán lugar el lunes y el gobierno iraquí ha declarado fiesta nacional el martes, fecha oficial del repliegue.

Ni patrullaje realizarán

Soldados y vehículos blindados seguirán patrullando las calles de Irak como lo han estado haciendo en los últimos seis años, pero a partir de ahora los equipos estarán formados exclusivamente por policías y soldados iraquíes.

Sólo un pequeño número de fuerzas de entrenamiento y asesoramiento estadounidenses permanecerán en las zonas urbanas. Pero la gran mayoría de las tropas norteamericanas en Irak --unos 131,000 efectivos actualmente-- estarán acantonadas en sus bases fuera de las ciudades.

Los líderes iraquíes han expresado confianza en su preparación para garantizar la seguridad de los cerca de 30 millones de habitantes del país, pero advirtieron de la existencia de grandes obstáculos, sugiriendo que los insurgentes y las milicias pueden multiplicar los ataques coincidiendo con la retirada estadounidense.

“El repliegue no significa el fin de los desafíos en materia de seguridad”, afirmó recientemente el ministro iraquí de Interior, Jawad al Bolani, en rueda de prensa en Bagdad. “Las fuerzas de seguridad tienen la capacidad de hacer frente a estos desafíos”, agregó.

Nuri al Maliki afirmó que los sangrientos atentados de la última semana --el del sábado fue el más mortífero en 16 meses-- son un intento de la red islamista Al Qaida de dañar la confianza en las fuerzas de seguridad iraquíes y de reavivar la divisiones entre los diferentes grupos religiosos.