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TEHERÁN / AFP

La Policía iraní dispersó a la fuerza a miles de partidarios de la oposición reunidos ayer jueves en varios lugares de Teherán para rendirle homenaje a las víctimas de las protestas que estallaron tras la reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad el 12 de junio.

Éstos son los primeros choques violentos desde el nueve de julio, cuando centenares de personas se reagruparon cerca de la universidad de Teherán para conmemorar las manifestaciones estudiantiles de 1999.

Más de 3,000 personas se reunieron en el Gran Mossala, lugar de plegaria en el centro de Teherán.

Las autoridades habían prohibido que se llevara a cabo allí una ceremonia en homenaje a las víctimas de la manifestación sumamente violenta del 20 de junio.

“Los manifestantes levantaban los brazos y hacían el signo de la victoria, mientras que la Policía intentaba dispersarlos”, declaró un testigo.

“Algunos manifestantes incendiaron tachos de basura. Policía antimotines en moto atravesaban por entre la multitud para intentar dispersarla. Rompieron los vidrios de varios vehículos”, añadió otro testigo.

La Policía embistió con violencia, igualmente, contra miles de personas que protestaban no lejos de allí, en la avenida Vali Asr, una gran arteria del centro de la capital, lanzando gases lacrimógenos, afirmaron testigos.

Miles en las calles

“Muerte al dictador”, “Libertad para los presos políticos”, “¡Ya Hossein! ¡Mir Hossein!” coreaban en referencia al líder de la oposición, Mir Hossein Musavi, quien quedó en segundo lugar en la elección presidencial del 12 de junio.

Poco antes, más de 2,000 personas se habían reunido en el cementerio de Beheshte Zahra, en el sur de la capital, para conmemorar el 40º día de la muerte de las víctimas en la violenta manifestación del 20 de junio.

Unas treinta personas murieron por la represión a las manifestaciones que estallaron tras la elección, según una comisión parlamentaria. Están enterradas en este cementerio.

En el cementerio, los manifestantes cantaron consignas de apoyo a uno de los jefes de esta ola contestataria, Mir Hosein Musavi, que llegó al lugar, pero no pudo acercarse al sitio donde están enterrados los manifestantes. La Policía antidisturbios desplegada para la ocasión lo obligó a abandonar el lugar.

Otros manifestantes lanzaron piedras contra la Policía que rodeaba a Mehdi Karubi, otro jefe de este movimiento de protesta.

Los policías usaron porras, palos y cinturones para dispersar a los que querían rendir un homenaje póstumo a las víctimas.

Varias personas fueron detenidas, dijeron testigos, entre ellos el cineasta Jafar Panahi, su mujer y su hija.

Representantes de la “Nouvelle vague” del cine iraní, Panahi, fue premiado varias veces por sus películas, de las cuales la mayoría fueron censuradas en su país.

Los testigos indicaron que Musavi logró salir de su coche y emprender el camino hacia la tumba de Neda Agha Soltan, la joven que murió baleada el 20 de junio pasado, convirtiéndose en símbolo de las protestas contra el resultado de las elecciones.

Pero “no fue autorizado a recitar los versos del Corán que se dicen en estas ocasiones e inmediatamente fue rodeado por la policía antidisturbios que lo llevó hasta su coche”, indicó un testigo.