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LAHORE / AFP

Al menos 22 policías y cuatro civiles murieron este jueves en Lahore, en el este de Pakistán, en un nuevo atentado suicida perpetrado 15 días después del asesinato de la opositora Benazir Bhutto, y en plena campaña electoral para las legislativas del 18 de febrero.

Un kamikaze en una motocicleta hizo estallar una bomba en medio de un grupo de policías cuando uno de ellos le pidió que parase, explicó a la AFP un oficial de policía de la ciudad, Malik Mohamad Iqbal.

El atentado fue perpetrado frente a la Alta Corte de Justicia de Lahore, donde las fuerzas del orden se habían reunido en previsión de una manifestación de abogados y magistrados, que desde hace varios meses son el estandarte de la oposición al gobierno del presidente Pervez Musharraf.

La explosión se produjo en el corazón de uno de los barrios más comerciales y frecuentados de esta ciudad de siete millones de habitantes.

“Veintidós policías murieron en el ataque y seis están gravemente heridos”, declaró a la AFP Malik Iqbal, jefe de Policía de la ciudad. “Otros 35 tienen heridas menores”, agregó.

Según Mohammad Farrukh, doctor en la sala de urgencias del principal hospital de la ciudad, también murieron cuatro civiles y decenas de personas resultaron heridas.

El gobierno de Estados Unidos condenó el atentado suicida y advirtió contra los intentos de socavar las elecciones parlamentarias fijadas para el 18 de febrero.

“Condenamos este acto de violencia y cualquier intento por subvertir el proceso democrático en Pakistán de cara a las elecciones”, dijo la portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Katherine Starr.

El ministro paquistaní de Información, Nisar Memon, aseguró en la televisión que el ataque forma parte de la campaña terrorista para perturbar las elecciones legislativas y provinciales y menoscabar la democracia en este país musulmán de 160 millones de habitantes.

“Queremos dejar muy claro que las elecciones se celebrarán en la fecha prevista”, dijo el ministro.

Pakistán vive desde hace meses una ola de atentados sin precedentes, que convirtió 2007 en el año más sangriento de la historia del país, con más de 800 muertos en atentados perpetrados por kamikazes pertenecientes a grupos armados fundamentalistas musulmanes afines a Al Qaida y a los talibanes afganos.

Los ataques se dirigen en su mayoría contra los militares y la Policía, pero causan víctimas civiles.

Tras el violento asalto por las fuerzas del orden paquistaníes de la Mezquita Roja de Islamabad en julio pasado, en la que murieron un centenar de fundamentalistas, los militantes islamistas de las zonas tribales del noroeste del país juraron atentar contra los agentes de la seguridad.

El propio Osama bin Laden declaró el pasado 20 de septiembre la yihad, la “guerra santa”, al presidente Musharraf, a su gobierno y a su Ejército, para vengar a los militantes muertos en la Mezquita Roja.

El Ejército y la Policía están también en pie de guerra a causa de la crisis política sin precedentes que sacude al país desde hace varios meses, y que llegó a su punto candente hace 15 días con el asesinato, en un atentado suicida, de la principal figura de la oposición, la ex primera ministra Benazir Bhutto.

Las elecciones legislativas y provinciales, inicialmente previstas para el 8 de enero, fueron aplazadas hasta el 18 de febrero.