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La razón de su vida, según sus propias palabras fue la reforma sanitaria que Obama ha colocado como prioridad de su mandato.

Encabezó la campaña para imponer sanciones al régimen del Apartheid.

Consiguió prohibir la venta de armas a la dictadura militar chilena de Augusto Pinochet.

Se opuso a la guerra de Vietnam. En 2002 votó contra la de Irak y dijo: “Ha sido mi mejor votación en 44 años como senador”.

Colaboró con George W. Bush en la reforma del sistema educativo y con el senador republicano John McCain en la Ley de Inmigración.

Una cronología

Nace la dinastía. El banquero Joe Kennedy se casa en 1914 con Rose Fitzgerald. Se asientan en Brookline, Massachusetts, y tienen nueve hijos, dando inicio a un influyente clan católico, demócrata y de origen irlandés.

La familia entra en política. Joe apoya la candidatura a la presidencia de Franklin Delano Roosevelt en 1932. Surge una estrecha relación con el Partido Demócrata.

Comienzan las tragedias. En 1941, Rosemary, la mayor de las hijas, es internada de por vida en un hospital después de que se le practicara una lobotomía sin éxito. Falleció en 2005.

Muere Joseph, el mayor de los hijos, en 1944 con 29 años, en un accidente de avión durante una misión en la II Guerra Mundial.

Kathleen, la cuarta hija, pierde la vida en un accidente de avión en 1948 en Francia a los 28 años.

Ascenso político. John, el segundo hijo, es elegido para el Senado en 1952. En 1958 es reelegido y en 1960 se convierte en el primer presidente católico y el más joven de la historia de EU.

El presidente es asesinado. El 22 de noviembre de 1963, John muere de un disparo en Dallas (Texas) durante un desfile motorizado en el que le acompañaba su esposa Jacqueline.

Ted sobrevive. El menor de los hermanos, y senador por Massachusetts, salva la vida en un accidente aéreo en el que mueren un asesor y el piloto.

Muere otro Kennedy. Robert es asesinado el 5 de junio de 1968 en Los Ángeles después de proclamarse vencedor en California en las primarias presidenciales.

La carrera política de Ted

El benjamín es la promesa familiar para colocar a otro Kennedy en la Casa Blanca, pero un accidente de coche en 1969 en el que murió su acompañante en extrañas circunstancias, se convierte en un escándalo una década más tarde, obligándole a abandonar la carrera por la presidencia.

Nuevas desgracias. David, hijo de Robert, muere en 1984 por sobredosis a los 28 años.

Michael, otro de los hijos de Robert, fallece en 1997 en un accidente de esquí.

John F. Kennedy Jr. muere a en 1999 a los 38 años junto a su esposa y a su cuñada cuando el avión en el que volaban se estrelló en las aguas de Martha’s Vineyard, en Massachusetts.

Un hombre clave
para el Presidente  
La muerte del senador, que había hecho de la reforma sanitaria la “razón de su vida”, debilita el frente de Obama para sacar adelante su gran proyecto social  
La última gran batalla del león del Senado fue la de la reforma sanitaria. Los colaboradores en el Capitolio del senador por Massachusetts, Ted Kennedy, citaban como una de sus grandes frustraciones, en sus últimos días, el no haber podido ofrecerle un seguro médico a cada uno de los estadounidenses. Pero en los archivos del Senado, sus propuestas legislativas sobre ese asunto cubren estanterías y estanterías.

A lo largo de su carrera, el último patriarca de los Kennedy logró expandir la cobertura sanitaria a los niños; impulsó la financiación de la investigación y tratamiento contra el virus del Sida, y trabajó incansablemente para que los ancianos y los desfavorecidos tuvieran un seguro público asequible.

Propuesta a Nixon

Pero su gran sueño era ofrecer cobertura médica universal a todo el país. Se lo llegó a proponer a Richard Nixon, a principios de los años 70, sin éxito. Consideró los intentos de Jimmy Carter demasiado tímidos. Y vio cómo su ilusión se desvanecía en el primer mandato de Bill Clinton, cuando aquel presidente tuvo que retirar su fugaz propuesta de reforma de la sanidad, acorralado por una derrota demócrata en el Congreso y por la propia industria médica (que no escatimó medios para que los seguros médicos privados siguieran siendo un gran negocio). Pero al dar su apoyo a Barack Obama en las pasadas elecciones presidenciales, Kennedy vio renacer su ilusión.

El respetado senador tomó el podio en la Convención Demócrata de Denver del año pasado, donde se aclamó a Obama como candidato, y dijo: “Éste es el cometido de mi vida, una nueva esperanza de que superaremos las viejas dificultades, y nos aseguraremos de que cada estadounidense, al norte, al sur, al este, al oeste, joven y viejo, tendrá una cobertura médica de calidad, como un derecho fundamental, y no un privilegio”. Ahora, es una de las grandes piedras de toque del cambio que representa Obama.

En el momento de la muerte de Kennedy, el presidente contempla cómo la oposición a sus planes crece y se endurece en las calles. Precisamente ahora, desaparece el líder de los progresistas en el Senado; la persona que no tuvo reparos en llamar a la Administración de George W. Bush el equipo de “los que aman a las compañías farmacéuticas, los que destruirán los seguros médicos públicos para los ancianos, los que odian la Seguridad Social”; el político que luchó sin tregua por la sanidad universal. Cuando el Comité que presidía en el Senado, el de Sanidad, Educación, Empleo y Pensiones, tramitó una serie de medidas para la reforma sanitaria en julio, Kennedy tuvo que ausentarse de Washington, ya en sus últimos días de vida. Fue un giro cruel del destino político, aunque pudiera seguir todas las negociaciones a través del teléfono. (DAVID ALANDETE, Washington)