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  • AFP

El féretro de Edward Kennedy, senador y patriarca de la familia que marcó la vida política estadounidense durante medio siglo, llegó hoy a Washington, donde recibirá los últimos homenajes antes de su entierro. Los restos de Kennedy llegaron a la base aérea de Andrews provenientes de su Massachussetts natal, donde la élite del país asistió a un funeral casi con honores de Estado, en la Basílica de Boston.

El presidente Barack Obama, que leyó el sermón fúnebre, encabezó una nutrida representación de todo el espectro político, incluidos sus cuatro predecesores aún en vida, los presidentes George W. Bush, Bill Clinton, George Bush (padre) y Jimmy Carter.

Durante los dos días previos, miles de personas rindieron tributo al veterano político que murió el martes a los 77 años, tras 46 de carrera política en el Senado, víctima de un tumor cerebral. Recibirá un último homenaje público a los pies del Congreso, en la colina del Capitolio, donde colegas del Senado, asistentes y miles de admiradores esperaban pacientemente, bajo un cielo parcialmente nublado. Luego será enterrado en el cementerio nacional de Arlington con honores militares y en privado, no muy lejos de las tumbas de sus hermanos, el presidente John F. Kennedy y el fiscal general Robert Kennedy, respectivamente asesinados en 1963 y 1968.

Edward Kennedy, nacido en 1932 en el seno de una familia de origen irlandés que entregó su alma y gran parte de sus hijos a la causa política, fue recordado por Obama como "el heredero de un pesado legado, como un paladín para aquellos que no tienen a nadie". Delante suyo, en una atmósfera de emoción apenas contenida, se hallaban la viuda, Vicky, los hijos Kara Anne, Edward y Patrick, y la dinastía al completo.

Liberal apasionado, Edward tuvo que aprender a huir de la sombra de sus dos hermanos mayores para poder construir, no sin altibajos, una carrera propia. Su desaparición añade también, si cabe, más incertidumbre a una de las batallas actuales en el Congreso que más lo obsesionó en vida: la reforma del sistema de salud, para la que el presidente Obama necesita todos los votos posibles. "Un hombre cuyo nombre honra cerca de mil leyes y que ha redactado de su puño y letra trescientas", recordó Obama en su sermón.

Vencedor de resistencias políticas
Desde la lucha contra la segregación racial hasta los derechos de los incapacitados o de los inmigrantes, Kennedy fue conocido, admirado y a menudo temido por sus pares del Senado por su tesón y su habilidad para tejer alianzas y vencer resistencias políticas. Fue también un decidido amigo de América Latina en momentos oscuros, como una enmienda que logró aprobar en los años 1970 para prohibir la venta de armas a la dictadura pinochetista en Chile, y sus viajes a la región durante sus años turbulentos.

El patriarca del Partido Demócrata, sin embargo, fue también una figura con claroscuros, que atravesó "más penas y dolores de los que muchos de nosotros llegaremos a conocer", recordó Obama. "Perdió dos hermanos a la edad de 16 años. Presenció cómo otros dos eran arrebatados al país que los amaba. Despidió a su amada hermana, Eunice, en los últimos días de su propia vida", añadió.

Durante décadas, tras la muerte de John y Robert, Estados Unidos asistió con pesar y fascinación a las tragedias de la familia Kennedy, su propia versión republicana de una saga nobiliaria.

Edward Kennedy, con años de lucha contra el alcoholismo, la turbia muerte en 1969 de una colaboradora que se accidentó con él en un coche, y un duro divorcio en los 70, centró buena parte de esa atención morbosa. Pero desde que perdió la pelea por ser candidato presidencial en 1980, se liberó de los fantasmas del pasado y pudo consagrarse a su tarea de senador, ganando el respeto de la opinión pública con el paso de los años.

A partir de este sábado, Edward Kennedy reposará bajo una sencilla cruz de mármol blanco de poco más de 76 cm de altura, como las miles que jalonan el principal cementerio del país.