•   Washington/El País  |
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Jaycee vivía en una cochambrosa cabaña en medio de la nada. Había sido raptada por un pederasta, con el que tuvo dos hijas. Él hablaba con Dios con frecuencia, también con los ángeles y podía salvar al mundo. Su esposa, con la que compartía la casa, estaba al corriente de todo, mientras Jaycee malvivía con sus dos criaturas entre chabolas en el oscuro fondo del patio.

Así pasaron 18 años. Hasta que el miércoles, Jaycee Dugard vio la luz y se abrió a un extraño mundo exterior del que no sabe casi nada. No escapó. Ni la descubrió la Policía. A quien sí descubrió fue a su raptor, en un control policial rutinario, donde se descubrió que era un pederasta. Le pidieron que acudiera ante su agente de la condicional. Fue, se llevó con él a sus dos hijas y a Jaycee, a quien dejó hablar.

Jaycee era una niña de 11 años, rubia y de ojos azules, que cada mañana andaba hasta la parada del autobús escolar desde su casa, en South Lake Tahoe, al este de California. La mañana del 10 de junio de 1991, su padrastro, Carl Probyn, vio cómo dos personas se la llevaban en un coche gris. Se le quedó grabada para siempre la imagen de la niña gritando y llorando, mientras él se quedaba atónito en el garaje de su casa. Según reconoció ayer, se culpó durante años de no haber perseguido en su coche a los raptores. Pero todo sucedió muy rápido. 'Había perdido la esperanza', dijo ayer a la cadena de televisión CNN.

Se presentaba como religioso

Pasaron los años. Hasta el martes por la tarde. Garrido acudió al campus de la Universidad de California en Berkeley a entregar panfletos religiosos. Le acompañaban las dos hijas que tuvo con Jaycee. Dos agentes le exigieron que se identificara e introdujeron el nombre en sus bases de datos. Tenía antecedentes por 'violación forzosa', según los archivos.

La Policía universitaria informó al agente que controlaba la libertad condicional de Garrido. Éste le pidió que acudiera a su oficina en la localidad de Concord. Garrido fue con su mujer, con Jaycee, a quien se refería como Allissa, y con sus dos hijas. En realidad, Garrido había planificado la entrevista policial como una confesión casi teatral. Jaycee reveló al agente quién era. El sheriff del Condado de El Dorado detuvo a Garrido y a su mujer.

Desde el retén, el hombre llamó a los medios de comunicación. En una extraña entrevista telefónica con el canal de televisión KCRA dijo: 'Os quedaréis impresionados al saber lo que sucedió en esa casa. Al principio habían sucedido cosas asquerosas, pero después mi vida cambió'. 'Es una historia muy poderosa, y la víctima, el testigo, puede dar fe de ello', añadió, refiriéndose a Jaycee. Durante esa llamada, de nueve minutos, no dijo nada que tuviera sentido, más allá de que entregó una serie de documentos al FBI que explican por qué raptó y violó a Jaycee.

La madre de Jaycee se reunió ayer con la joven liberada. El padrastro, que ahora está separado de la mujer, contó el encuentro entre ambas: 'Ella le dijo a su madre que tenía dos hijas, lo que fue una gran sorpresa. No podíamos imaginar que tuviera dos niñas de 11 y 15 años', contó ayer el padrastro. Jaycee, que ahora tiene 29 años, tuvo a sus hijas con 14 y 18 años, aproximadamente.

Con terrible antecedente

El captor, Phillip Garrido, de 58 años, es un pederasta condenado en 1971 por rapto y violación de una menor. Con la connivencia de su mujer, se llevó a Jaycee a su rancho de Antioch, a 300 kilómetros de su casa. Allí comenzó una historia de abusos, locura y extraño fanatismo religioso. Garrido está en la base de datos de pederastas del Fiscal General de California.

Allí viene su nombre, descripción, foto, el motivo de su condena y un mapa de su vivienda. Su padre, Manuel Garrido, de 88 años, dijo ayer que su hijo está desequilibrado y que abusó de sustancias alucinógenas, como el LSD, en su juventud, lo que le convirtió 'en un loco'. 'Se habla de él como si supiera lo que hace, pero no lo sabe', dijo al diario Los Ángeles Times. 'Ese hombre está ido. Está enfermo'.

El secuestrador tiene un blog en el que se atribuye la capacidad de hablar con Dios, 'hablar la lengua de los ángeles' y 'salvar el mundo'. Sin un ápice de ironía, dijo que su historia es 'alentadora'. Por si quedaban dudas, aclaró: 'Esas dos niñas durmieron en mis brazos cada noche. Pero nunca las besé'.

Jaycee y sus hijas están temporalmente instaladas en un hotel. Según el asistente del sheriff del Condado de El Dorado, Fred Kollar, 'ninguna de las niñas ha ido al colegio ni al médico en su vida. Estaban aisladas totalmente en la parte trasera de su casa. Allí nacieron'. El miércoles, sin embargo, renacieron a un mundo al que ahora deben acostumbrarse.

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