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  • AFP

El ataque aéreo de la OTAN el viernes en la provincia de Kunduz, en el norte de Afganistán, mató a 54 personas, entre ellas seis civiles, incluido un niño, declaró el gobernador de la provincia, Mohamad Omar. En total, 54 personas murieron en los bombardeos de la OTAN, y entre los muertos, "48 hombres han sido identificados como armados, mientras que el resto eran civiles", precisó Omar. Otras dos personas, el conductor de uno de los camiones y su hijo, murieron tiroteados por los talibanes antes del bombardeo, añadió el gobernador.

Por otra parte, 15 personas resultaron heridas, incluidos dos talibanes, según Omar. Al menos dos niños se encuentran entre los heridos, que sufren graves quemaduras, según testimonios recogidos en hospitales próximos. La OTAN bombardeó el viernes por la mañana dos camiones cisterna que habían sido robados por los talibanes. Según relataron testigos del ataque, decenas de personas se encontraban junto a los camiones para recoger carburante, invitados por los talibanes, cuando cayeron las bombas junto a orillas del río Kunduz.

Ayer, el comandante de la fuerza de la OTAN en Afganistán, ISAF, el general estadounidense Stanley McChrystal, prometió la apertura de una "investigación completa" del ataque aéreo. El presidente afgano Hamid Karzai evocó en un primer momento un balance de 90 muertos y heridos. El ministerio afgano del Interior indicó, por su parte, el sábado que 56 talibanes perdieron la vida.

Una delegación de los ministerios afganos de Interior y de Defensa se encontraban hoy en el lugar del incidente para investigar el ataque, por orden de Karzai. Los talibanes emitieron un comunicado ayer en el que aseguraban que ninguno de sus milicianos se encontraba entre las víctimas.

Insurgencia talibán regresa a provincia de Kunduz
Hasta hace unos meses, la provincia de Kunduz había quedado relativamente al margen de las violencias, pero ahora sufre ataques frecuentemente. La insurgencia de los talibanes se ha vuelto a instalar en la provincia, posiblemente atraída por una nueva ruta de abastecimiento de las fuerzas extranjeras procedente de Tayikistán.

La noticia de la muerte de varios civiles en este ataque de la OTAN ocurre en un momento especialmente inoportuno. Las fuerzas internacionales acababan de anunciar una nueva estrategia destinada a proteger mejor a la población y a ganarse su simpatía. Las opiniones públicas occidentales están cada vez más opuestas a las operaciones en Afganistán, donde la violencia lleva meses en niveles récord.

Hoy, un soldado estadounidense de la ISAF murió en un ataque talibán, elevando a 318 el número de bajas entre las tropas extranjeras desde inicio de año. Varios países europeos criticaron abiertamente el bombardeo el sábado, desmarcándose de Alemania que defendió la operación ordenada por un oficial alemán.

"Es un grave error", había declarado el ministro francés de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, mientras que su homólogo luxemburgués, Jean Asselborn, estimó que "aunque sólo hubiese habido un civil en el lugar, esta operación no debería haber tenido lugar". Los civiles siguen siendo las primeras víctimas del conflicto.