•   LA PAZ / AFP  |
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Hace 42 años, el 9 de octubre de 1967, Ernesto Che Guevara murió asesinado en la comarca boliviana de La Higuera, un día después de ser capturado vivo por el Ejército, y desde entonces el mito del guerrillero se acrecienta parejo a la inquietante maldición que parece pesar contra quienes le hicieron mal.

La leyenda del Che incluye una vertiente religiosa que atribuye a “San Ernesto de La Higuera”, como le llama la población de la región adonde llevó su guerrilla, diversos milagros menores como ayudar a que no falte comida o a hallar ganado.

Según algunos, contribuyó al mito la apariencia de “Cristo muerto”, de la pintura de Andrea Mantegna (1506), con la que el Che fue retratado exánime en la lavandería del hospital de Vallegrande, donde su cadáver fue exhibido después de su ejecución en La Higuera, tras dispararle a quemarropa el suboficial Mario Terán.

En la imagen del fotógrafo boliviano Freddy Alborta, el guerrillero argentino yace inerte con los ojos y labios entreabiertos.

Pero, igualmente, una racha de muertes violentas o accidentes ocurrieron a personajes vinculados con la captura y muerte del Che.

La “maldición”

La llamada “maldición del Che” se inició con una sequía que asoló La Higuera y que fue atribuida por pobladores a un conjuro lanzado por el guerrillero.

El general René Barrientos Ortuño, ex presidente boliviano que ordenó la ejecución de Guevara, supuestamente por instrucciones de la CIA estadounidense, murió quemado en un oscuro accidente de helicóptero en 1969.

El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de esa época, general Alfredo Ovando, murió quince años más tarde aquejado de una enfermedad, pero tuvo que soportar antes la muerte de su hijo mayor en un accidente de aviación.

También el jefe de Estado Mayor, general Juan José Torres (presidente populista entre 1970 y 1971), encontró la muerte en Buenos Aires a manos presumiblemente del grupo paramilitar Triple A, en tiempos del dictador argentino Jorge Videla.

En 1968 dos pistoleros asesinaron al general Joaquín Zenteno, comandante de la unidad rangers que capturó al Che, en una calle de París. Y tres años más tarde, el jefe de inteligencia Roberto Quintanilla fue abatido en su despacho del consulado en Hamburgo por la boliviana Mónica Ertl.

El comandante de la patrulla que capturó al Che, capitán Gary Prado, fue herido en 1981 por un disparo casual que lo postró de por vida en una silla de ruedas.

La maldición del Che alcanzó también a otros personajes como el coronel Andrés Selich, asesinado en 1973 tras ser sospechoso de conspirar contra el dictador Hugo Banzer, o el entonces ministro del Interior, Antonio Arguedas --quien envió a Fidel Castro las manos mutiladas y el diario del Che Guevara en 1967--, que murió en 2000 al estallar en su cuerpo una bomba de alto poder.

Según los pobladores de La Higuera, el Che maldijo a ese poblado desde un aula de la escuela del lugar donde estuvo prisionero unas horas antes de ser abatido a tiros por orden superior, y, desde entonces, la localidad continúa en el subdesarrollo.