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  • AFP

Los delegados del depuesto Manuel Zelaya y el gobierno de facto de Honduras acordaron un gobierno conjunto y no aplicar amnistía, si prospera un diálogo para resolver la crisis que este sábado entró en una pausa de tres días. Uno de los negociadores de Zelaya, el líder sindical Juan Barahona, reveló que ambas partes avanzaron en esos dos acuerdos. Sin embargo, aclaró que todo depende de un arreglo en lo central del conflicto, la restitución de Zelaya, derrocado en un golpe de Estado el 28 de junio.

Ambas comisiones abordarán ese sensible aspecto cuando retomen el diálogo el martes en una jornada decisiva, a dos días de que venza el plazo dado por este último para concluir la negociación. "Si al final ellos dicen que no hay restitución, ¿de qué nos sirvió haber avanzado en lo otro? El martes vamos a entrar en serio a ese punto central. Si el 15 de octubre no llegamos a un acuerdo, las pláticas serán dadas por fracasadas", advirtió Barahona.

La amnistía se refiere a delitos cometidos en el conflicto, relacionados con el golpe en el caso del régimen de facto; y en el caso de Zelaya con la convocotaria a una consulta electoral -considerada ilegal por la Justicia y el Congreso- que según sus opositores justificó su derrocamiento. El perdón y un gobierno de unidad nacional fueron propuestos por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, en su Acuerdo de San José, base del diálogo en Tegucigalpa y el cual establece como primordial la reinstalación de Zelaya.

Zelaya insiste en ese punto, pero aún no revela su estrategia en caso de que fracase la negociación, más allá de pedir más medidas políticas y económicas para presionar al gobierno de facto.

Los negociadores de ambos bandos reportaron un avance de 60%, pero persiste la desconfianza del lado de Zelaya, refugiado en la embajada de Brasil desde que dejó el exilio y regresó en secreto a Honduras el 21 de septiembre. "Va por buen camino el diálogo, pero no entiendo tres días de pausa. Cuando hay persecución, represión, las horas y minutos cuentan. Es una forma de dilatar el proceso, va pasando el tiempo y el presidente no retorna al poder", afirmó Xiomara Castro, esposa de Zelaya, que lo acompaña en la embajada.

Por su parte, Micheletti se mostró "contento" con el avance del diálogo. "No hay amnistía hasta el momento, hay mucha tranquilidad, serenidad y optimismo", comentó ayer. Pero Zelaya reiteró su denuncia de "hostigamiento" por parte del régimen de facto, con la instalación de rampas desde donde francotiradores apuntan a la embajada, además del "bombardeo electrónico con microondas" y la interceptación de comunicaciones. "Es una forma de represión sicológica, tienen un elevador mecánico, ven todo lo que hay en la embajada, vimos francotiradores, tratan de amedrentar, atemorizarnos", comentó Xiomara Castro.

Los zelayistas, por su parte, continúan sus protestas para exigir el retorno de su líder al poder. "Parece que esto no tiene solución, el gobierno de facto no muestra flexibilidad. Pero no nos van a deterner. El pueblo consciente no va a dejar su lucha contra los golpistas por un partido de fútbol", afirmó Edwin Espinal, de 30 años, que participaba este sábado de una manifestación en uno de los barrios de este de la capital.

En medio de la división política, quienes apoyan a Micheletti como Alejandra Solórzano, administrativa en el tribunal de cuentas, opinó que "son unos pocos los que están causando desórdenes, pero el país está tranquilo y de fiesta futbolera". Tras ser lanzada la negociación el miércoles por una misión de la Organización de Estados Americanos (OEA), los opositores al golpe trasladaron sus marchas al hotel sede del diálogo, donde el viernes los antimotines reprimieron a un centenar de personas con gases lacrimógenos.