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  • AFP

Un ataque a manos de los talibanes contra el cuartel general del ejército paquistaní, cerca de Islamabad, al que siguió una toma de rehenes, llegó a su fin hoy con un alto balance de muertos: ocho militares, tres civiles y ocho asaltantes.

Los insurgentes islamistas vinculados a Al Qaida han intensificado en los últimos meses su campaña de atentados en Pakistán, esencialmente suicidas, que ha causado más de 2.200 muertos en poco más de dos años. Con este último ataque demostraron que tienen la capacidad para golpear el corazón mismo del dispositivo de mayor seguridad de este país, única potencia nuclear militar demostrada del mundo musulmán.

Este domingo en Londres, la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, en una conferencia de prensa conjunta con su homólogo británico David Miliband, expresó tener "confianza" en el control del gobierno paquistaní sobre su programa nuclear, pese al ataque de ayer. "No tenemos pruebas de que puedan hacerse con el poder", afirmó Clinton aludiendo a los insurgentes, aunque admitió que suponen una "amenaza creciente a la autoridad del Estado".

Durante 24 horas, los insurgentes tuvieron a todo el mundo en vilo en un ataque muy mediatizado seguido de una toma de rehenes. Un total de 42 militares y civiles empleados por el ejército fueron retenidos en un edificio anexo al cuartel general del ejército, la más poderosa institución paquistaní, en la ciudad guarnición de Rawalpindi.

Este amanecer, antes de que los primeros almuecines llamasen a la oración de la mañana, el ejército lanzó un asalto a los secuestradores. Treinta y nueve rehenes fueron liberados, pero la operación se saldó con un alto balance: tres rehenes y dos soldados murieron, así como cuatro de los secuestradores, informó el general Athar Abas, portavoz del ejército. El quinto asaltante, herido, fue capturado cuatro horas después del inicio del asalto.

El ataque comenzó ayer por la mañana. Hombres armados y vestidos con uniformes militares se habían presentado, a bordo de un minibús, en la entrada principal del Gran Cuartel General, en el que se encuentra, entre otras instalaciones militares, el Estado Mayor en su totalidad. Cuando los guardias de seguridad les impidieron la entrada, lanzaron un ataque con armas ligeras y granadas. Estalló así un violento combate que duró más de una hora y en el que murieron seis militares y cuatro asaltantes. Cinco de los insurgentes lograron sin embargo huir y tomar a los rehenes en un edificio anexo.

El ejército afirmó que se trataba de un ataque del Movimiento de los Talibanes de Pakistán (TTP), vinculado a Al Qaida y enfrentado al gobierno de Islamabad por su alianza con Washington en la "guerra contra el terrorismo". Este grupo, cuyos bastiones se encuentran en las zonas tribales del noroeste del país, fronterizas con Afganistán, reivindicó el ataque, según varios canales de televisión.

El nuevo jefe del TTP, Hakimilá Mehsud, ha jurado multiplicar los atentados contra "Norteamérica y Pakistán" para vengar la muerte de su predecesor, Baitulá Mehsud, al que mató el 5 de agosto uno de los misiles disparados por los aviones sin piloto estadounidenses que atacan con frecuencia a Al Qaida y los talibanes afganos y paquistaníes en las zonas tribales.

En los últimos días, los colaboradores del presidente estadounidense Barack Obama dejaron claro que su nueva estrategia para Afganistán reservaría un lugar importante a Pakistán.