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  • AFP

El mayor partido de derecha de El Salvador, traumatizado por una derrota electoral que puso fin a dos décadas en el poder, enfrenta una enconada lucha interna en momentos en que el gobierno de izquierda de Mauricio Funes goza de un elevado índice de popularidad.

La crisis por el tortuoso proceso de reacomodo que inició la Alianza Republicana Nacionalista (Arena, derecha) tras las elecciones de marzo, se complicó después de que el domingo --en un aparente gesto de “unidad”-- fue proclamado el nuevo directorio que encabeza el ex presidente Alfredo Cristiani (1989-1994).

Doce diputados desafectos con la cúpula denunciaron el lunes que no les permitieron una cuota de representación en el Comité Nacional Ejecutivo de Arena.

“Lo que hay es una especie de recomposición de forcejeo por ganar posiciones de influencia en la conducción del partido”, opinó el director de maestrías de Ciencias Políticas de la Universidad Centroamericana, Álvaro Artiga.

Abajo en las encuestas

Uno de los diputados disidentes, Guillermo Gallegos, atribuyó a la actual dirigencia la responsabilidad de que Arena haya descendido --según las encuestas-- a niveles de popularidad nunca antes registrados, mientras la gestión de Funes es aprobada por más del 80% de los salvadoreños.

“En mi opinión es una equivocación el paso que han tomado (los diputados). Creemos que a pesar de que pudimos habernos equivocado hemos sido siempre abiertos a escuchar y no ameritaba llegar hasta este punto”, declaró Cristiani.

El martes, Cristiani y los diputados rebeldes entablaron un diálogo para tratar de dirimir sus divergencias.

La cúpula de Arena obtuvo, además, el apoyo de 80 de los 122 alcaldes del partido.

Para el analista Joaquín Samayoa, el conflicto “es una pugna por el control partidario” de una corriente que estructuró el ex presidente Elías Antonio Saca (2004-2009) con su ex ministro de Seguridad y Justicia, René Figueroa.

“La agenda de los diputados rebeldes tiene como propósito inmediato obtener posiciones en la máxima instancia de dirección del partido para evitar desde ahí el desmantelamiento de la estructura de mando territorial y sectorial que cuidadosamente” armaron Saca y Figueroa, subrayó Samayoa.

Para el analista, “el problema para ellos (los diputados rebeldes) es que han perdido y podrán seguir perdiendo el poder y las prerrogativas que antes tuvieron”.

Por su parte, el matutino La Prensa Gráfica afirmó en un editorial este miércoles que dentro de Arena “se mueven fuerzas que trabajan en lo oscuro por sus propios intereses”.

Además, “el recurso fácil y contraproducente de querer hacer creer que no pasa nada serio, lo que hace es complicar más las cosas”, agregó.

En el Congreso salvadoreño las fuerzas mayoritarias son el partido de la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, izquierda), que llevó al poder a Funes, con 35 diputados y Arena con 32.

Arena y otros dos partidos de derecha tienen mayoría simple (43 votos), pero si expulsa a los 12 parlamentarios rebeldes quedaría debilitada, por cuanto el FMLN podría aliarse con ellos y lograr mayoría.