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  • AFP

Bajo fuerte tensión y hermetismo, los delegados del depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya y del gobernante de facto Roberto Micheletti decidían a última hora una propuesta final sobre la vuelta al poder del líder derrocado, tras vencerse los plazos para cerrar el diálogo.

Un clima de crispación se apoderó esta tarde de la negociación entre las partes, algunas horas después que vencieron los plazos dados por Zelaya para el cierre del diálogo. Los representantes de ambos lados se retiraron del hotel sede del diálogo para hacer consultas de última hora con Micheletti en la Casa de Gobierno y con Zelaya en su refugio en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, respectivamente, esquivando por el sótano al centenar de periodistas que espera un resultado.

Los negociadores intentan llegar a un acuerdo sobre si corresponde al Congreso o la Corte Suprema de Justicia decidir la restitución de Zelaya. "Estamos optimistas, pienso que vamos a llegar a un acuerdo", había afirmado por la mañana el jefe de la comisión de Zelaya, Víctor Meza, quien advirtió que "si no se logra un acuerdo, una salida serán la ingobernabilidad, el desorden, la convulsión social".

Antes de iniciar la decisiva jornada de diálogo, Vilma Morales, portavoz de la delegación de Micheletti, declaró que "hay optimismo". "Tiene que salir algo bueno para el país, estamos ultimando detalles, hemos avanzado un 95%", subrayó.

El retorno de Zelaya a la presidencia es el único punto que falta por firmar del plan que propuso el gobernante costarricense y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, llamado el 'Acuerdo de San José', con el fin de solucionar la crisis desatada tras el golpe de Estado del 28 de junio. Las partes acordaron la creación de un gobierno de unidad, celebrar elecciones el 29 de noviembre, no aplicar amnistía y un tema que era sensible: la renuncia de Zelaya a convocar a una Asamblea Constituyente.

Zelaya fue sacado de su residencia por el Ejército y expulsado en un avión hacia Costa Rica acusado por el Congreso, la Corte Suprema, el poderoso sector empresarial y los militares de violar la Constitución con su iniciativa de cambiarla para habilitar, según ellos, la reelección presidencial. Ganadero liberal de 57 años, Zelaya, quien lleva siempre sombrero y botas de vaquero, despertó la ira del sector empresarial con políticas de corte social, tras haber virado a la izquierda a mitad de su mandato de cuatro años y aliarse con el presidente venezolano Hugo Chávez.

La comunidad internacional condenó con una sola voz el golpe de Estado, aisló al gobierno de Micheletti, le congeló créditos y recortó préstamos y cooperación, incluido Estados Unidos, principal socio comercial de este país de 7,6 millones de habitantes y niveles de pobreza de más de 60%. Pero Micheletti, empresario de transportes de 66 años, quien era amigo, correligionario de Zelaya y presidente del Congreso durante el golpe, prestó oídos sordos a los reclamos internacionales, incluso a la advertencia de un desconocimiento de las elecciones si se realizan bajo su régimen.

Tras frustrados intentos de Arias y la Organización de Estados Americanos (OEA) por presionar por una salida a la crisis, Zelaya intentó volver a su país en avión y por la frontera con Nicaragua, pero el cerco militar no lo permitió.

La mañana del lunes 21 de septiembre apareció en el jardín de la embajada de Brasil, tras ingresar en secreto a su país para presionar una salida a la crisis, la peor en dos décadas en Centroamérica. Refugiado en la embajada, rodeada por militares y policías antimotines, Zelaya movilizó de nuevo a la comunidad internacional y desde hace poco más de una semana una misión de la OEA supervisa una mesa de diálogo, instalada por una delegación de cancilleres del continente y el secretario general José Miguel Insulza.

Su retorno provocó manifestaciones masivas en favor y en contra. El régimen de facto estableció toques de queda y suprimió las libertades de reunión, movimiento y prensa, provocando mayor rechazo internacional.