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  • AFP

Irán acusó a Estados Unidos, a Gran Bretaña y a Pakistán de ayudar a los rebeldes sunitas que considera responsables del atentado que ayer causó 42 muertos, entre ellos varios comandantes de los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico del régimen. "Estos crímenes terroristas revelan el rostro diabólico de los enemigos de la seguridad y de la unidad de Irán que tienen el respaldo de los servicios de inteligencia de ciertos países arrogantes", declaró el guía supremo Alí Jamenei, señalando implícitamente a Estados Unidos y sus aliados.

Previamente, el grupo extremista sunita Jundalá (Soldados de Dios), dirigido por Abdolmalek Righi, había reivindicado el atentado, indicó SITE, un centro de vigilancia de sitios islamistas, aunque la autenticidad del mensaje no ha sido confirmada todavía. "El movimiento de resistencia del pueblo Jundalá declaró que uno de sus numerosos miembros valientes del Baluchistán (...) llegó el domingo (...) a matar decenas de jefes y de miembros de los Guardianes de la Revolución, milicianos basiyis y responsables de los servicios secretos iraníes", declaró el grupo en un comunicado.

"Hoy, un servicio de inteligencia del país nos ha presentado una nueva prueba que demuestra que el grupo abominable de Abdolmalek Righi tiene lazos directos con los servicios de inteligencia estadounidense, británico y desgraciadamente paquistaní", declaró el general Mohammad Alí Jafari, el jefe de los Guardianes de la Revolución, la leal guardia de la República Islámica y de su guía supremo. "Sin ninguna duda, este individuo actúa por orden de estos servicios", aseguró, afirmando que responsables iraníes viajarán próximamente a Pakistán "para mostrar estos nuevos documentos".

Irán afirma que los miembros de Jundalá buscan refugio en Pakistán y se infiltran en Irán a partir del territorio paquistaní para llevar a cabo sus operaciones, por lo que solicitará la extradición de su líder, Abdolmalek Righi, al país vecino. Por su parte, el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad pidió durante una conversación telefónica con su homólogo paquistaní Asif Ali Zardari cooperación para luchar contra los "terroristas". "Irán y Pakistán tienen relaciones fraternales pero la presencia de elementos terroristas en Pakistán es inaceptable y el gobierno paquistaní debe aportar su ayuda para que los criminales sean detenidos lo más rápidamente posible y sancionados", declaró Ahmadinejad.

Irán ya había acusado ayer a Estados Unidos y a Gran Bretaña de implicación en el atentado. El comandante del ejército de tierra de los Guardianes de la Revolución, el general Mohammad Pakpur, había afirmado que los miembros del Jundalá están "entrenados y equipados" por los servicios secretos estadounidenses y británicos.

Washington condenó el atentado y negó cualquier implicación en él. El ministerio británico de Relaciones Exteriores también negó hoy "en los términos más enérgicos cualquier afirmación de que este ataque tiene algo que ver con Gran Bretaña".

En el atentado suicida de ayer murieron siete comandantes de los Guardianes de la Revolución, entre ellos dos generales: Nur Alí Shushtari y Rajab Ali Mohammad Zadeh. El grupo Jundalá ha multiplicado en los últimos años las acciones armadas cada vez más espectaculares en Sistán-Baluchistán, provincia situada en la frontera con Pakistán y Afganistán. Abdolmalek Righi dirige este grupo rebelde sunita que reclama una mayor autonomía para la región.

Las autoridades iraníes acusan a Jundalá de ser extremistas sunitas, apoyados por los servicios secretos estadounidenses y británicos y por agentes paquistaníes con el objetivo de desestabilizar el poder central.