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  • AFP

Delegados del régimen de facto de Honduras y del derrocado presidente Manuel Zelaya se vuelven a ver las caras esta tarde sin mucha esperanza de superar la crisis política, estancada en la definición del árbitro que debe decidir la restitución del mandatario. La situación parece haber llegado a un callejón sin salida, al acercarse las elecciones del 29 de noviembre, a las que apuesta el gobernante de facto Roberto Micheletti para liquidar el conflicto.

El problema es que los comicios no serán reconocidos por la comunidad internacional si Zelaya no regresa a la Casa Presidencial. Zelaya, depuesto el 28 de junio con un golpe de estado y enviado al exilio encañonado y en pijamas, sostiene que su retorno al poder, reclamado por la comunidad internacional, debe dirimirlo el Congreso por ser un "asunto político".

"El diálogo está en suspenso. Llegamos a un límite de intolerancia al querer de judicializar un problema político que es un golpe de estado. Espero rectifiquen y hagan una propuesta seria, pero mantengo serias reservas. Van a tratar de sostener su posición aunque sean condenados por el mundo", afirmó Zelaya.

Del otro lado, Micheletti insiste en que el árbitro sea la Corte Suprema de Justicia, que en el marco del golpe acusó a Zelaya de 18 delitos por su intento de cambiar la Constitución supuestamente con la intención de reelegirse. "No le estamos diciendo a la Corte cómo va a resolver. Pero existen acciones penales que debemos considerar en la mesa", aseveró hoy Vilma Morales, negociadora de Micheletti.

Más allá del enjambre político y jurídico, Zelaya se resiste a someterse a la decisión de una Corte "michelettista" y espera una "rectificación" política en el Congreso, que fue el que nombró a su presidente Micheletti como gobernante de facto.

Tras frustrados intentos de diálogo impulsados desde julio por el mediador y presidente costarricense, Oscar Arias, y la OEA, el retorno de Zelaya a Honduras sorpresivamente el 21 de septiembre aumentó la convulsión social, atrajo de nuevo la atención mundial y presionó la negociación.

Este diálogo, que tomó como base el "Acuerdo de San José" propuesto por Arias, fue instalado el 7 de octubre por una misión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA). Los negociadores crearon expectativas anunciando la firma de siete de ocho puntos, pero 12 días después siguen atascados en el tema medular de la restitución, sin cuya aprobación todo lo demás, como un gobierno de unidad, sería letra muerta.

Mientras tanto Zelaya cumplió hoy cuatro semanas cercado por los militares en la embajada de Brasil, esperando que el régimen ceda al aislamiento y sanciones internacionales, a las marchas de sus seguidores y al empeoramiento de la economía. Pero Micheletti, obcecado empresario liberal de 66 años, aguanta sostenido por los militares, los empresarios y buena parte de la clase política, que apuestan a las elecciones de noviembre.

Ante un posible fracaso del diálogo, Zelaya, hacendado liberal de 57 años que viró la diplomacia hondureña históricamente aliada con Estados Unidos hacia países de izquierda como la Venezuela, pidió a la OEA endurecer las medidas, y a sus seguidores protestar y desconocer los comicios.

Desde el golpe, Honduras ha vivido en crispación permanente, semiparalizada por toques de queda, huelgas y protestas callejeras, que acaban en choques entre policías y manifestantes. Haya o no acuerdo, el conflicto, el peor en dos décadas en Centroamérica, fracturó a este país 7,6 millones de habitantes, el tercero más pobre del continente (más de 60%), afectado por la corrupción y la inseguridad ciudadana.