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El general retirado Reynaldo Bignone, de 81 años, último dictador argentino entre 1982 y 1983, se sentó hoy en el banquillo de los acusados de un tribunal, al iniciarse un juicio oral contra él por crímenes de lesa humanidad en la dictadura, precisó una fuente judicial. Bignone, quién cumple arresto domiciliario, está acusado de los delitos de secuestro y torturas contra 56 víctimas, ocurridos en los centros clandestinos de detención conocidos como 'La casita' y 'El campito' que funcionaron en el cuartel militar de Campo de Mayo, en la periferia oeste de Buenos Aires.

El militar asumió la presidencia de facto de la dictadura (1976-1983) en julio de 1982, en la agonía del régimen cívico-militar, tras perder la guerra de Malvinas contra el Reino Unido. El acusado fue quien entregó el poder en diciembre de 1983 al fallecido ex mandatario socialdemócrata Raúl Alfonsín, 1983-1989, elegido en las urnas.

Sobre este general del arma terrestre (ejército) pesan todavía otras causas, una por robo de hijos de desaparecidos, y otra por secuestros y torturas a médicos y enfermeros de un hospital de la periferia oeste de Buenos Aires.

Por los crímenes en Campo de Mayo, junto a Bignone, están siendo sometidos a juicio cinco ex jefes militares, entres ellos los generales retirados Fernando Verplaetsen, de 84 años y Santiago Omar Riveros, de 83 años.

En Argentina hay 204 causas abiertas por violaciones a los derechos humanos en la dictadura, en las que están encausados 526 represores, de los cuales 385 se encuentran detenidos, según un reciente relevamiento del Centro de Estudios Legales y Sociales, CELS. Unas 30.000 personas desaparecieron durante la dictadura y unos 500 bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres fueron robados, de los cuales 97 recuperaron su verdadera identidad, según organizaciones de derechos humanos.