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  • AFP

Los seis sacerdotes asesinados hace 20 años por efectivos del ejército fueron condecorados a título póstumo por el presidente salvadoreño Mauricio Funes, en un hecho sin precedentes, que borra la imagen de rechazo a honrar la memoria de las víctimas que mantuvieron los anteriores gobiernos conservadores.

Las condecoraciones fueron impuestas durante un solemne acto celebrado en el salón de honor de la casa de gobierno, en el sector oeste de la capital, al que asistieron el gabinete en pleno, el cuerpo diplomático, rectores de universidades y familiares de las extintos sacerdotes llegados de España.

Los sacedortes jesuitas asesinados son los españoles Ignacio Ellacuría, entonces rector de la Universidad Centroamericana (UCA), Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno y el salvadoreño Joaquín López, así como su empleada doméstica y la hija de ésta.

La matanza, atribuida a las posiciones políticas de izquierda de los sacerdotes, y perpetrada el 16 de noviembre de 1989 por miembros del batallón 'Atlacatl' del ejército salvadoreño, coincidió con una ofensiva sobre la capital de la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, FMLN, transformada en partido político tras los Acuerdos de Paz de 1992 y que desde el 1 de junio gobierna El Salvador.

El batallón 'Atlacatl' era considerado uno de los más sangrientos que operaron durante la guerra civil (1980-92), que se cobró la vida de unas 75.000 personas. En 1991 fueron juzgados nueve militares por ese crimen, entre ellos el director de la Escuela Militar de San Salvador, coronel Guillermo Alfredo Benavides, que fue culpado de todos los crímenes, pero en 1993 quedó libre con una ley de amnistía.

Funes "retira velo espeso de oscuridad y mentiras"
Tras declararse "discípulo" de los homenajeados, el presidente Funes dijo que "veinte años después de su cruel asesinato", el acto de condecoración "significa para mí, retirar un velo espeso de oscuridad y mentiras, para dejar entrar la luz de la justicia y la verdad". Además, señaló que "significa levantar la alfombra polvosa de la hipocresía y empezar a limpiar la casa de nuestra historia reciente. Porque no es posible entender nuestro país y conocernos como comunidad, si no conocemos el pasado común, y nuestros mártires, sus dolores y alegrías". El mandatario sostuvo además que el acto es realizado con el corazón y desde "el convencimiento profundo" de que "ayudará a sanar heridas, que llevan demasiado tiempo abiertas".

Para el rector de la UCA, el sacerdote José María Tojeira, ésta es la "primera vez que un gobierno de nuestro país reconoce pública y oficialmente el valor, la dignidad y los servicios que este grupo de académicos y hombres de fe prestaron a El Salvador".

Durante veinte años sucesivos, los gobiernos de derecha se negaron a reconocer la memoria de los jesuitas. "Pensamos que la paz se la debemos en grado mayor a las víctimas inocentes y a los mártires que los representan que a quienes firmaron los acuerdos de paz, aunque a estos últimos haya también que agradecerles sus esfuerzos", enfatizó. "Señor presidente, honrando a todas las víctimas del pasado, sepultadas hasta hace poco en la maliciosa consigna del perdón y olvido recibe usted también honor", resumió Tojeira.

Juan Ellacuría, hermano del extinto rector de la UCA, declaró que el acto "reivindica" la memoria de los mártires y haber esperado 20 años "fue muy largo". "Las cosas han cambiado. La verdad ya saldrá, tenemos la confianza que las cosas se van aclarando y por parte del gobierno hay muy buena voluntad", destacó Ellacuría.

Por su parte, el obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez, afirmó que el homenaje fue esperado "durante mucho tiempo" y ahora "abre una ventana de luz y de esperanza" que con "un buen manejo" se puede llegar a un reencuentro de la sociedad.