•   TEGUCIGALPA  |
  •  |
  •  |
  • AFP

El golpe de Estado en Honduras y la incapacidad de la comunidad internacional para hacer restablecer el orden constitucional sentaron un precedente peligroso para América Latina y enfriaron sus relaciones con el presidente Barack Obama, manifestaron políticos y analistas. Hacía pocas semanas que el mandatario estadounidense y su par venezolano Hugo Chávez -fiero crítico de EU- habían tenido un cálido encuentro en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, cuando una disputa interna en Honduras condujo al derrocamiento del presidente Manuel Zelaya.

El régimen de facto que asumió el poder el 28 de junio aseguró que se trató de una "sucesión constitucional", pero el mundo unánimemente calificó el hecho como golpe de Estado y la Unión Europea y Estados Unidos cortaron su ayuda a Tegucigalpa, que fue marginada además de la Organización de Estados Americanos. "Sin duda alguna fue un retroceso lo que aconteció en Honduras", precisó esta semana el presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, cuya propuesta para superar la crisis hondureña fue formalmente aceptada por las partes en conflicto, pero en la práctica ignorada.

La unidad internacional inicial se resquebrajó y surgieron discrepancias sobre como resolver la crisis, por lo que Honduras culmina el 2009 con tres presidentes: uno derrocado y refugiado en la embajada de Brasil; otro de facto instalado en la casa de gobierno; y otro elegido en unos comicios cuestionados por la mayoría de los países latinoamericanos.

Políticos y analistas coinciden que el golpe sentó un precedente peligroso para una región con instituciones democráticas débiles, y de paso acabó con la 'luna de miel' entre Obama y gobernantes latinoamericanos de izquierda. "La crisis en Honduras ha dañado las relaciones de Estados Unidos" con la región, señaló Cynthia Arnson, directora del programa para América Latina del Woodrow Wilson Center, un centro privado estadounidense. "Luego de que (Obama) prometiera adoptar un enfoque multilateral a los problemas" de la región, "Estados Unidos esencialmente decidió ir solo en las elecciones" hondureñas, agregó.

Estados Unidos y sólo tres países latinoamericanos -Costa Rica, Panamá y Perú- han reconocido las elecciones del 29 de noviembre, ganadas por el derechista Porfirio Lobo, quien apoyó el golpe. En los comicios, denunciados por Zelaya (quien llamó a no sufragar), votó la mitad del electorado, pero fueron desconocidos por la mayoría de los países del continente por ser efectuados bajo el régimen de facto de Roberto Micheletti. Arnson cree que "el resultado del golpe en Honduras hizo poco para disuadir a otros (latinoamericanos) que pueden intentar involucrarse en un comportamiento al estilo de un golpe", y afirmó que las elecciones no sirvieron para poner fin a la crisis.

"Lo que Honduras deja claro es que la ideología -izquierda versus derecha- juega un papel mucho más grande en el juicio de los diferentes gobiernos, que hacen una noción abstracta de la protección de la democracia", consideró Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, un centro privado de Washington. "Básicamente los gobiernos de izquierda y centroizquierda apoyaron la restitución de Zelaya. Los de derecha y centroderecha estuvieron inclinados a aceptar la legitimidad de las elecciones, sin importar si Zelaya era restituido", destacó. "Como hasta ahora no hay una aceptada definición de prácticas y normas democráticas entre los países de las Américas, (es) imposible desarrollar una respuesta efectiva y colectiva a las violaciones", expresó Hakim.

"En el campo de la democracia, como en el campo de la moral, (...) si no se avanza, se retrocede, y eso es lo que le ha pasado a América Latina" tras el golpe en Honduras, afirmó por su parte el presidente Arias.