•   COPENHAGUE / AFP  |
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El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, con pocos amigos en Occidente por su polémico programa nuclear, se describe como “alguien normal” que tiene una vida familiar como la de cualquier persona.

“Soy alguien normal, un padre, un hermano, un tío, un amigo”, explicó en una entrevista con la AFP al margen de la cumbre internacional de Copenhague sobre el clima.

“Tengo una familia (una esposa, dos hijos y una hija). Vamos a las reuniones familiares, salimos, hacemos deporte”, añadió este hombre de 53 años y mirada chispeante, que en junio fue reelegido para un segundo mandato presidencial.

“Vivo como todo el mundo”, afirmó con una sonrisa que contrasta con la violencia de algunos de sus ataques verbales de los últimos años, sobre todo contra los judíos.

Unos discursos que lo han convertido en la bestia negra de los países occidentales, como lo fuera antaño el presidente iraquí Saddam Hussein, muerto en la horca en 2006.

El viernes, el presidente iraní multiplicó en Copenhague los encuentros oficiales, dio una nueva conferencia de prensa exaltada y concedió algunas entrevistas.

Pese a su agenda cargada, al final de la jornada no se mostró impaciente ni cansado frente a los periodistas que intentaban llevar las preguntas al terreno personal.

¿Odio a Occidente?

“¿Quién dijo que odiaba a Occidente?”, responde devolviendo la pelota al que se lo pregunta. “Sólo estoy en desacuerdo con ciertas cosas que hacen algunos políticos occidentales deshonestos que se comportan mal”.

Cuando se le pregunta si le preocupa el estar considerado como la “bestia negra” de Occidente, este hijo de herrero se va por las ramas. Pero su respuesta, como todas las demás, dura cinco minutos de los 45 de la entrevista, y no le gusta que lo interrumpan.

Ahmadinejad es un orador. Su mirada se enciende durante la conversación, sobre todo cuando habla del “Gran Satán”, al que no teme.

“No tenemos miedo de Estados Unidos”, repite incansablemente, exigiendo a la comunidad internacional respeto y honestidad, dos valores decisivos --en su opinión-- para mejorar el diálogo con Teherán o alcanzar un eventual acuerdo sobre el enriquecimiento de uranio iraní.

Como era de esperar, el ex gobernador provincial y antiguo alcalde de Teherán, que se erige como el defensor de las clases populares, no revela quién es de verdad, pero, hablando de los políticos, proclama muy serio: “Tenemos que ser sinceros”.

Al final de la entrevista, en una sala de un hotel de cinco estrellas decorado en tonos otoñales, el Presidente se levanta y estrecha la mano de sus interlocutores deseándoles “Feliz Navidad”, y la vuelta de Jesucristo a la Tierra.