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  • AFP

Chile decidió dar un giro a la derecha al elegir el domingo como presidente al empresario Sebastián Piñera, quien se apresuró a hacer un llamado a la unidad nacional, consciente de que uno de sus retos será desmarcarse definitivamente del legado de la dictadura de Augusto Pinochet. Con una votación de 52%, Piñera derrotó al oficialista Eduardo Frei y terminó con dos décadas de gobiernos de la Concertación, una coalición de cuatro partidos de centro izquierda que desde 1990 llevó a cabo la transición en un país devastado y dividido por 17 años de la dictadura de Pinochet.

"Haremos un gobierno de unidad nacional, vamos a derribar los muros que nos dividen y construir puentes de encuentro", señaló anoche en su primer mensaje a la nación el presidente electo, de 60 años y uno de los empresarios más ricos de Chile. Pero de hecho, según analistas, ya el nuevo presidente había logrado en alguna medida ese propósito, pues con su estilo moderado, incluso centrista, se impuso en los últimos años al sector más radical de la derecha y más asociado a la dictadura.

Hoy, Chile amaneció con un nuevo signo político, aceptado sin mayores traumatismos, y por el contrario, casi con cortesía por los derrotados. La presidenta Michelle Bachelet visitó temprano al presidente electo en su residencia, como parte de un protocolo que se ha reiterado en las últimas elecciones.

Tras esta derrota es un interrogante el futuro político de Bachelet -que llega al final de su mandato con un índice de popularidad cercano al 80%- al igual que el de la Concertación, ahora en la oposición. Los 20 años del conglomerado, considerados brillantes por haber llevado al país a la modernidad económica y por resolver de manera adecuada el espantoso pasivo en derechos humanos de la dictadura, ponen a Piñera frente a un alto nivel de expectativas, concuerdan analistas.

"El triunfo de Piñera pone fin al veto de dos décadas con que el electorado castigó a la centroderecha por su falta de sintonía con los tiempos y por su colaboración con el gobierno militar", dice el analista Héctor Soto.

Para el independiente Guillermo Holzmann es importante "que Piñera afirme su compromiso por la defensa de los derechos humanos, para evitar que temas del gobierno militar se instalen en su agenda presidencial". Igualmente deberá "cumplir con el millón de empleos que prometió, pues será la exigencia permanente de la nueva oposición".

Eugenio Tironi, sociólogo cercano a la Concertación, dice que Piñera "fundó una nueva derecha que no reniega del Estado ni de la protección social; que asume las uniones entre homosexuales y atrae a los jóvenes". Aún así Piñera "inevitablemente carga la mochila de una derecha que apoyó al régimen militar", agrega.

Consultado a comienzos de enero sobre si en un gobierno suyo nombraría a gente que participó de la dictadura, Piñera dijo que "el hecho de haber trabajado para un gobierno, incluyendo el gobierno militar, no es pecado, ni es delito". Eso genera ciertas dudas sobre quiénes lo acompañarán en su gobierno, aunque él ha deslizado que no nombrará a nadie que haya tenido alto perfil en la era Pinochet.

"La derecha chilena efectivamente se ha moderado y modernizado. Después de tanto tiempo fuera del poder, ya venía siendo hora", señala por su parte el politólogo Cristóbal Bellolio.

En uno de sus primeros anuncios, esta tarde, Piñera afirmó que introducirá "cambios profundos" a la empresa estatal de Cobre Codelco, la mayor productora mundial del metal. "Codelco va a seguir siendo una empresa pública, pero vamos a hacer cambios muy profundos en Codelco, porque en el último tiempo ha perdido competitividad y eficacia", aseguró. "Dejó de ser la empresa de cobre más grande de Chile; fue superada por la empresa privada y necesita un salto adelante", agregó sobre la estatal que produce unas 1,5 millones toneladas de cobre al año.