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  • AFP

La policía de Puerto Príncipe cuenta sus efectivos y se prepara para un futuro nada fácil, tras el sismo del pasado 12 de enero, en el que numerosas comisarías perdieron agentes y muchos presos lograron huir. De la principal penitenciaría de la ciudad se escaparon unos 4.000 presos y en Cité Soleil, la mayor villa miseria de Puerto Príncipe y de América Latina, la comisaría del sector redobló las rondas de noche.

"Regresaron aquí, lo sabemos, pero se esconden en los corredores. No hay forma de atraparlos. Por ahora", explica Rosemond Aristide, inspector jefe de la comisaría, aludiendo a algunos jefes de pandilla.

Los corredores de Cité Soleil son las callejuelas sin asfaltar, llenas de inmundicias y miseria, de un barrio inmenso a espaldas del aeropuerto, donde se hacinan al menos un millón de personas. Cité Soleil fue famosa en la década de los 1990 porque los secuestros en el resto de Puerto Príncipe acababan a menudo entre esas callejuelas, a la espera de los rescates.

Las tropas de la ONU desalojaron a partir de 2006 a los caciques del crimen local a balazos y esas huellas se pueden ver aún en las paredes de los edificios requemados.

En la comisaría de Cité Soleil podrían vanagloriarse de haber atrapado a uno de los presos que lograron fugarse, aunque los policías tienen sus dudas al respecto. "Me fugué el día del terremoto. Cumplía pena de seis meses en Arcahaie. Me entregué porque no quería estar en fuga ahora", asegura uno de los encarcelados en la comisaría que se presenta como Richmon Benedict. El policía de guardia sonríe y dice que a él no le consta esa versión, sin más detalles.

Saqueo se acelera
El saqueo en el devastado centro de Puerto Príncipe se aceleró hoy a medida que la presencia de excavadoras se hacía más evidente, con escenas apocalípticas entre montañas de escombros y cadáveres que resurgían a causa de los trabajos. "No vamos a hacer nada, no podemos hacer nada con ellos", explicó un agente de policía, en referencia a dos cadáveres que aparecieron entre los escombros en la céntrica Calle de los Milagros.

A un lado de esa casa, otra construida de madera era destazada con diligencia por otros saqueadores, mientras el policía lo contemplaba con aire aparentemente impotente. "¿Qué puedo hacer? No tenemos cárcel", se lamentó uno de los agentes. Sin embargo, las denuncias no han aumentado de forma generalizada. "No hemos recibido muchas más denuncias por el momento", explica el comisario principal del sector de Delmas, Carl Henry Boucher. "Pero me temo sobre todo más violaciones", añade.

Familias enteras acampan en toda la ciudad sin más protección que una colcha sobre el cuerpo. Las mujeres se lavan en plena calle cuando tienen agua disponible. Acudir a la comisaría de Delmas para denunciar un delito es sin embargo algo difícil, porque el edificio de tres plantas ya no existe. Se desplomó en su totalidad, y once días después del sismo ya evacuaron casi todos los escombros.

Dentro del edificio murieron once policías de un total de 138, y tres siguen sin presentarse a filas. Ocho presos se fugaron, enumera el comisario Boucher. "No descansaremos hasta volver a ponernos de pie", dice con solemnidad.

Por el momento reciben las denuncias con una mesa y dos agentes en pleno solar, entre los escombros. Cuando se produzca un crimen irán a buscar al juez, como empezaron a hacer antes del sismo. Aunque algunos de ellos tampoco están muy disponibles. "Yo no critico a nadie, (ellos) también tienen sus problemas" tras el sismo, explica.