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  • AFP

Los pillajes se intensificaban hoy en Puerto Príncipe, dos semanas después del sismo que destruyó la capital haitiana, mientras la ONU se alarma por la amenaza que representan en las calles los jefes de pandillas evadidos de la cárcel, traficantes de niños y delincuentes de todo tipo.

En las calles del centro, devastado por el temblor del 12 de enero que dejó unos 170.000 muertos, los saqueos y la recuperación toman un aspecto sistemático. Los habitantes recorren las calles con carretillas en las que recuperan materiales, principalmente madera y metal que sacan de los edificios derrumbados. Cerca de ellos, comerciantes continúan cargando camiones con los productos recuperados en sus tiendas antes del paso anunciado de las excavadoras que limpiarán el terreno de edificios, estén derrumbados o no.

A proximidad del palacio presidencial en ruinas, miles de damnificados agobiados por el sol se quejan del hambre a pesar de los repartos de víveres gestionados por la comunidad internacional, a menudo entre empujones. "No voy a pelearme en la calle por un poquito de comida", indica Immacula Cadet, que alza los hombros cuando se le pregunta qué comió esta mañana o el día anterior. "Agua, un poco de zumo de frutas", dice.

Por toda la ciudad, paneles con indicaciones se dirigen a los socorristas en francés, inglés o español. "Necesitamos ayuda, comida, agua, medicamentos", puede leerse en los carteles que apuntan hacia improvisados campos de damnificados.

Haití cuenta con al menos un millón de personas sin techo desde el terremoto. En Croix-des-Bouquets, a una treintena de kilómetros de la capital, un terreno previsto por las autoridades para instalar una "mini-ciudad" de damnificados no tiene ni una sola tienda de campaña. El ministro de salud haitiano, Alex Larsen, indicó el lunes que las autoridades disponían ahora de 400.000 tiendas familiares pudiendo acoger cada una de ellas entre cinco y diez personas.

La seguridad de los damnificados preocupa a las Naciones Unidas. En Ginebra, la Alta Comisionada para los derechos humanos, Navi Pillay, expresó sus "temores de que prisioneros evadidos de la las cárceles de Haití puedan abastecerse de armas y se libren a actividades criminales violentas".

Pillay también expuso informaciones "alarmantes sobre ejecuciones sumarias (de presuntos criminales) a manos de muchedumbres encolerizadas". "La situación actual en Haití es un entorno favorable para los traficantes, los que proveen de adopciones ilegales u otros que quieran aprovechar la situación (...) para sacar niños de Haití", advirtió por su parte Unicef.

Ayer, el ejército estadounidense sacó de entre las ruinas a un haitiano de 31 años. El hombre habría pasado 12 días bajo los escombros, según los soldados, que explicaron que quedó sepultado durante una de las numerosas réplicas que siguieron al seísmo del 12 de enero.

A los cuestionamientos a Estados Unidos por enviar unos 20.000 soldados a la zona para organizar la ayuda se sumó el embajador de Chile en Haití, Marcel Young, quien criticó la "agresividad" y "la demostración de fuerza excesiva" de las tropas estadounidenses.

Desde Ginebra, el ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, afirmó ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que el "mayor reto" de la comunidad internacional es asistir a Haití y ayudar a reconstruirlo "preservando su soberanía y creando al mismo tiempo las condiciones favorables a un ciclo de desarrollo económico y social con más seguridad, democracia y pleno respeto de los derechos humanos".

La Organización de Estados Americanos, OEA, en tanto, se comprometió el miércoles a cooperar a largo plazo con la reconstrucción de Haití, así como a velar porque el país más pobre del continente se mantenga dentro de su agenda política.

En el sur del país, el aeropuerto de Jacmel fue puesto en servicio en su totalidad por Canadá, anunció el ministro de Defensa canadiense, Peter MacKay, que precisó que el martes tuvieron lugar 64 aterrizajes. Este aeropuerto debería permitir descongestionar la ayuda humanitaria que se amontona en el de Puerto Príncipe.

El almirante Ted Branch, comandante del portaaviones Carl-Vinson, desde el que se distribuye una parte de la ayuda y donde son operados heridos, indicó el miércoles que los helicópteros de la Marina estadounidense habían efectuado hasta ahora 1.979 rotaciones, entregando 160 toneladas de comida así como agua y equipamiento médico.