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“No nos dejan salir (de la estación), apenas nos dan de comer y los rumores de irregularidades son muchos”, se quejó el miércoles Noelia Carranzo, turista uruguaya, a una radio de su país. Ella es uno de los más de 1400 turistas de diversas nacionalidades que aún permanecen varados en Aguas Calientes, el pueblo puerta de entrada a la ciudadela de Machu Picchu, debido a las torrenciales lluvias.

Noelia asegura que hay gente que paga hasta 450 dólares para tener prioridad para salir de allí en helicóptero. No es la única que hace la denuncia. “Fue indignante ver cómo ayer (el martes) había puros turistas norteamericanos y de otras nacionalidades, con dinero, que se iban antes que las propias madres con hijos”, narró el chileno Fernando Celis en un blog para el diario El Mercurio, de su país.

“Por momentos es el alcalde quien tiene el control, en otros los militares y en ocasiones los policías; las informaciones son contradictorias”, añadió Noelia, quien, como muchos otros, pernocta en la estación del tren a la espera de que le den espacio en uno de los cinco helicópteros que evacuan a los turistas a la ciudad del Cuzco.

Ineptitud del gobierno de Alan García

Mientras tanto, y debido a la lentitud del puente aéreo --cada helicóptero tiene capacidad para entre 20 y 30 personas-- las quejas sobre desorganización y preferencias en el rescate aumentan. “El descontrol es total. La ausencia de las autoridades locales es total. Estamos preocupados, ya no sólo por los aludes y por el río que se puede desbordar, sino por el caos y la ineptitud del Gobierno peruano”.

“Tememos que cuando se acaben los víveres pueda pasar de todo”, contaba Marta Roca Alonso, uno de los más de 20 españoles atrapados en Aguas Calientes. El miércoles aprovechó la poca batería que quedaba en su móvil para denunciar el desamparo en la que se encontraba junto a su pareja y a los otros compañeros de su grupo de viaje.

“Estamos sin luz. Nos han desalojado un montón de veces por miedo a los aludes. Nos han metido en la estación de tren, hemos ido al campo de fútbol donde tenían que llegar los helicópteros para la evacuación que nunca llegaron. Parecía un campo de refugiados”, relata Roca, quien sostiene que “mientras que la gente mayor y los niños estuvieron esperando 14 horas hacinados en la estación de tren, sabemos que mucha gente ha cogido helicópteros pagando sobornos. Ya no quedan estadounidenses por aquí”.