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  • AFP

Unas 1.300 personas participaron en la 'Marcha del Coraje' convocada ayer en Ciudad Juárez, la urbe mexicana más afectada por la violencia, para exigir justicia por la muerte de civiles en la lucha antidrogas. Los protestantes recorrieron el centro de esta ciudad de 1,3 millones de habitantes, vecina de la estadounidense El Paso, y donde en 2009 se registraron 2.660 personas en crímenes atribuidos al narcotráfico.

La manifestación fue encabezada por Luz María Dávila, madre de dos jóvenes, de 17 y 19 años, que murieron junto a otras 13 personas el 31 de enero, cuando un grupo de sicarios del narcotráfico irrumpió en una fiesta de adolescentes en el barrio Villas de Salvárcar y la convirtió en un baño de sangre.

Desde que ocurrió esa masacre, las banderas blancas se han apoderado de muchas casas en Ciudad Juárez, síntoma del hastío de una población involucrada en una guerra de la que no quiere participar.

"Ya basta" y "Juárez, Juárez no es cuartel, fuera Ejército de él", fueron las principales consignas de los manifestantes que piden el retiro de unos 6.000 militares desplegados allí por el gobierno del presidente Felipe Calderón, como parte de su estrategia frontal contra los carteles de la droga.

"La presencia del Ejército es anticonstitucional y vulnera los derechos de los ciudadanos, por eso estamos pidiendo su retiro", afirmó ante la multitud Javier Contreras, activista del Frente Nacional contra la Represión. "No se puede combatir la violencia con más violencia y vulnerando las leyes", agregó Contreras cuya organización asevera que la presencia militar ha exacerbado la violencia de los carteles en lugar de disminuirla.

Los grupos de Derechos Humanos señalan que los civiles inocentes son más víctimas de la represión que los cárteles y aseguran tener decenas de denuncias de personas torturadas con el fin de que confiesen una presunta pertenencia a un grupo criminal o asesinatos que las autoridades suelen presentar como ajustes de cuentas.

Calderón se vio obligado a viajar el jueves a Ciudad Juárez para pedir disculpas formales ante las familias de los jóvenes asesinados en Villas de Salvarcas, por haber insinuado que su muerte podía atribuirse a un ajuste de cuentas entre bandas narcotraficantes.

Los cárteles de Juárez y Sinaloa se disputan sagrientamente hace ya varios años el control de esta ciudad, punto estratégico para el ingreso de cocaína y drogas sintéticas al mercado estadounidense.

Pero Calderón, quien al llegar al poder en 2006 ordenó al Ejército y la Marina de guerra involucrarse en la persecución de los cárteles, afirmó que no prevé replegar a los militares, que consiguieron los últimos meses capturar o dar muerte a una veintena de capos, en acciones que le han merecido repetidos elogios de Estados Unidos.