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Grecia se encontraba ayer miércoles casi totalmente paralizada por una huelga general que ha movilizado a decenas de miles de manifestantes contra los recortes adoptados por el gobierno socialista para sacar al país de una crisis financiera y presupuestaria sin precedentes.

Las grandes centrales sindicales reunieron en Atenas a cerca de 30,000 manifestantes, según la policía, que desfilaron por el centro de la capital.

Cuando la manifestación finalizaba en la plaza de Sintagma, unos 300 jóvenes, según la policía, empezaron a lanzar piedras y cócteles molotov contra la fuerzas antidisturbios que respondieron con gases lacrimógenos. Dos fotógrafos de prensa resultaron ligeramente heridos y la policía detuvo a varios manifestantes.

Otras protestas tuvieron lugar en las grandes ciudades de Grecia, como en Salónica (norte), donde desfilaron sin incidentes unas 7,000 personas, según fuentes policiales.

“Tasas para los ricos”, “Huelga contra los especuladores” y “los hombres y sus necesidades están por encima de los mercados y de los beneficios”, indicaban las pancartas de la manifestación en la capital organizada por la Confederación General de Trabajadores Griegos (GSEE, un millón de afiliados) y por la Federación de funcionarios Adedy (300,000 miembros).

El frente sindical del partido comunista ultra ortodoxo (PAME), que llamó a manifestaciones separadas de las demás centrales, reunió en Atenas a unos 15,000 militantes, según la policía.

Rechazo a rigor presupuestario

“Ningún sacrificio por la plutocracia”, afirmaban las papeletas de propaganda distribuidas en la calle por los comunistas, que llevaban pancartas en las que se podía leer “no más” en referencia al rechazo a nuevas medidas de rigor presupuestario.

El secretario general de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), John Monks, asistió a la manifestación del GSEE, y declaró a la AFP que “Europa tiene que trabajar mejor para ayudar a Grecia (...), los griegos quiere ver que Europa les ayuda”. Hasta ahora, “los europeos amenazan y no ayudan, lo cual puede provocar un sentimiento antieuropeo en Grecia”, añadió.

Desde medianoche, los transportes aéreos y marítimos estaban paralizados, al igual que casi todos los servicios ferroviarios.

La huelga provocó el cierre de escuelas, administraciones y tribunales, mientras bancos, hospitales y grandes empresas del sector público funcionaban a ritmo reducido.

El país también está privado de toda información de radios, televisiones y diarios debido a la participación en el movimiento del sindicato de periodistas, que decidió sancionar a sus miembros si no participaban en la huelga.

Según la GSEE, la huelga fue seguida por el 100% de los trabajadores en algunos sectores, y por el 70% en la industria y la banca. Pero según el presidente de la Cámara de las pequeñas y medianas empresas, el seguimiento de la huelga en este sector no superaba el 10%.

El movimiento surgió de la poderosa GSEE contra las medidas de propuestas por el gobierno para cortar drásticamente el inmenso déficit del país, y en particular contra el aumento de la edad de la jubilación a 63 años y medio de promedio (dos años más que actualmente).

A pesar de esta movilización, los sondeos revelan un apoyo de más de seis griegos de cada diez a las medidas de austeridad.

Según los resultados de la última encuesta, publicados el domingo, 75% de los griegos desean que exista paz social hasta que se solucione la crisis.