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  • AFP

Líderes de Nueva York están ejerciendo presión para aplicar una especie de "impuesto sobre las calorías" en la industria de las gaseosas, argumentando que estas bebidas extremadamente dulces son responsables del aumento de la obesidad en Estados Unidos.

El comisionado de Salud del estado de Nueva York, Richard Daines, puso el tema sobre el tapete al afirmar que el país tiene "una oportunidad de oro" para crear este impuesto. "El precio exageradamente bajo que tienen las bebidas azucaradas, su enorme disponibilidad y el incesante mercadeo de estos productos constituyen un obstáculo para la buena salud y son un claro y presente peligro para el futuro de nuestros niños", afirmó Daines. El comisionado señaló además que la obesidad es "el mayor desafío de salud pública para ésta y las próximas décadas".

Funcionarios públicos de Nueva York y de otros estados se están haciendo eco de este llamado, al ver el "fat-tax" (impuesto a las calorías) como una buena oportunidad, tanto para modificar las dietas de los estadounidenses como para reponer las arcas fiscales, magras por la recesión.

El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, célebre por su cruzada anti-tabaco en la ciudad, también alabó la idea en su discurso radial semanal el domingo. "En estos tiempos económicos difíciles, no es fácil hallar soluciones a nuestros problemas", aseveró. "Pero el impuesto a las gaseosas es una solución que tiene sentido. Salvaría vidas y reduciría los crecientes costos de salud".

Se estima que el 20% de los niños estadounidenses entre 6 y 19 años son obesos, lo que puede derivar en diabetes, enfermedades del corazón y otros problemas serios. Expertos en salud culpan el insuficiente ejercicio, pero también el hábito, particularmente entre los pobres, de consumir comida rápida con sodas extremadamente azucaradas.

La crisis ha aumentado el gasto público -sólo en el estado de Nueva York, las facturas médicas vinculadas a la obesidad ascienden a 7.600 millones de dólares anuales-, buena parte del cual es pagado con dinero de los contribuyentes. Los defensores de esta medida afirman que las bebidas azucaradas deben ser tratadas como el tabaco, para que el gobierno pueda ser más efectivo en su intención de alejar a la gente de los malos hábitos. Entretanto, la industria de las sodas rechaza el paralelismo con el tabaco y ha hecho presión --exitosamente hasta ahora-- contra el impuesto.

J. Justin Wilson, investigador analista de Centro para la Libertad del Consumidor, conectado con la industria de las bebidas azucaradas, acusó al gobierno de usar argumentos sanitarios falaces para crear nuevos impuestos. "Si la ciudad o el estado no tienen dinero, entonces deben reconocerlo, en lugar de esconder impuestos en una montaña de nuevas tasas", sostuvo.