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El papa Benedicto XVI respondió ayer miércoles a la presión por las acusaciones de abusos sexuales a niños, cometidos por miembros de la Iglesia Católica en el mundo prometiendo “firmar” mañana viernes una carta a los fieles de Irlanda, cuyo primado pidió perdón.

“En los últimos meses, la Iglesia de Irlanda ha sido sacudida por una crisis debido a los abusos cometidos a niños”, dijo el Papa durante su audiencia semanal en la plaza de San Pedro del Vaticano, dirigiéndose en inglés a los irlandeses con motivo del Día de San Patricio, su santo patrón.

“En señal de mi profunda preocupación escribí una Carta Pastoral que aborda esa dolorosa situación. Voy a firmarla el viernes, día en que se celebra San José, guardián de la Sagrada Familia y patrón de la Iglesia Universal”, agregó.

El Pontífice dijo esperar que esta Carta Pastoral, que había sido anunciada en diciembre, sirva para ayudar “en el proceso de arrepentimiento, de curación y de renovación”.

El anuncio se produjo poco después de que el primado de Irlanda, el cardenal Sean Brady, acusado de haber ocultado abusos a menores, pidiera perdón y se declarara “avergonzado” por no haber defendido los valores que profesa.

Brady reflexionará

Brady, a quien grupos de víctimas han pedido que dimita, prometió “reflexionar cuidadosamente” en las próximas semanas y pidió a los fieles que “oraran” por él en la homilía que pronunció en la catedral de Armagh (Irlanda del Norte) en este día de celebración nacional.

El lunes había dicho que sólo dimitiría si se lo pedía Benedicto XVI.

“Quiero decir a todos los que sufrieron por mis fallos que les pido disculpas con todo mi corazón”, dijo el cardenal Brady.

“También pido disculpas a todos los que sienten que les he abandonado. Mirando atrás, estoy avergonzado de que no siempre defendí los valores que profeso y en los que creo”, agregó.

Brady participó en 1975 en reuniones secretas en las que dos presuntas víctimas de abusos sexuales cometidos por el padre Brendan Smyth habrían firmado una promesa de silencio.

Las autoridades eclesiásticas investigaban en aquella época a este cura considerado responsable de abusos sexuales a cientos de niños durante cuatro décadas y que murió en prisión tras su detención en los años 1990.