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  • AFP

Los opositores republicanos en el Senado se preparaban hoy para hacerle la guerra al presidente Barack Obama en la revisión final de la histórica reforma de la salud aprobada anoche, mientras que diez estados prevén acciones judiciales contra la misma.

Pese al llamado de Obama a cerrar el largo "debate y empezar la difícil tarea de implementar" la reforma de salud, la minoría republicana en el Senado anunció que pretende prolongar la querella y hacer fracasar la aprobación de las modificaciones introducidas al proyecto por la Cámara de Representantes.

"Los republicanos del Senado harán ahora todo lo posible por sustituir los aumentos impositivos masivos y los recortes en el Medicare (programa de cobertura de salud para ancianos), por reformas que nuestros votantes reclamaron", advirtió el líder republicano en el Senado, Mitch Connell, en un comunicado el domingo por la noche.

La Cámara de Representantes con mayoría demócrata aprobó anoche con 219 votos a favor y 212 en contra un proyecto de ley que extiende la cobertura de salud a 32 millones de estadounidenses adicionales, convirtiéndose en el mayor cambio político en cuatro décadas. "Esta noche respondimos el llamado de la historia como tantos estadounidenses antes que nosotros (...) No temimos por nuestro futuro, le dimos forma", afirmó Obama luego de la aprobación.

La oposición pretende contestar la validez del procedimiento gracias al cual los demócratas quieren aprobar las modificaciones -con una mayoría simple de 51 votos en 100-, luego presentar enmiendas para retrasar la aprobación del texto y que éste regrese a la Cámara de Representantes para ser de nuevo aprobado.

Por otro lado, diez estados prevén presentar una acción judicial para impugnar la reforma de salud no bien la promulgue Obama, ya que la consideran inconstitucional, dijo el lunes el secretario de Justicia de Florida (sureste).

El republicano Bill McCollum, candidato a gobernador de Florida, quiere cuestionar una disposición que obligaría a la mayor parte de los estadounidenses a contratar un seguro de salud bajo pena de multa. A él se sumarán sus colegas de Carolina del Sur, Nebraska, Texas, Utah, Pensilvania, el estado de Washington, Dakota del Sur y del Norte y Alabama.

Ningún republicano votó a favor del proyecto de ley, ya aprobado por el Senado. Éstos advirtieron que Obama sufriría un contragolpe con la medida, que tendrá un costo de cientos de millones de dólares en la próxima década. Pero el presidente, que firmará el proyecto de ley en los próximos días, elogió a los legisladores por desafiar las predicciones de que la colosal legislación se derrumbaría debido a divisiones partidarias.

Se opusieron a la medida 178 republicanos y 34 demócratas conservadores, alentados por cientos de manifestantes que repetían "Kill the bill" (maten el proyecto de ley) desde las afueras del Congreso.

El proyecto de ley del Senado, una vez realizados los cambios, renovará por completo el sistema de salud estadounidense, un siglo después del implementado por el presidente Theodore Roosevelt, al extender la cobertura a 95% de la población menor de 65 años. El texto prohíbe que las compañías de seguros nieguen la atención por problemas de salud previos al contrato, impongan límites en la cobertura de por vida, y permite que se otorguen subvenciones para suscribirse a un seguro privado.

También implica un aumento de los impuestos a las personas con mayor ingreso, mientras que extiende la cobertura a los estadounidenses más necesitados. "Este proyecto de ley es complicado, pero al mismo tiempo es muy sencillo: la enfermedad y la discapacidad son universales, y somos más fuertes contra ellos juntos que si estuviéramos solos", señaló el líder de la mayoría demócrata Steny Hoyer antes de votar.

Fuera del Congreso, el diario New York Times, de izquierda, tildó la aprobación de la reforma de "un logro de proporciones históricas". Por su parte, el conservador Wall Street Journal señaló que la reforma representaba "una toma de poder del Estado sobre el sistema de cobertura de salud" que resultará en "impuestos más elevados, un crecimiento económico más lento y una peor atención médica".

Demócratas señalaron que la estimación de la oficina de presupuesto del Congreso evaluó el costo de la medida en 940.000 millones de dólares para los próximos 10 años, aunque hacia 2019 reducirá los gastos del gobierno federal en 143.000 millones de dólares y en 1,2 billones de dólares para la siguiente década.