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  • AFP

El presidente Evo Morales ganó cinco de las nueve gobernaciones en elecciones regionales, pero fue derrotado en 7 de las 10 principales ciudades de Bolivia -incluyendo su bastión de La Paz-, una señal de que debe concertar y no tratar de imponer un proyecto político hegemónico, según analistas.

El mandatario y su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), ganaron las gobernaciones de las andinas La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Chuquisaca, pero perdieron en Santa Cruz y Tarija, el principal reservorio gasífero del país. Los resultados aún se mantenían inciertos en el departamento amazónico de Pando, hasta ahora un fuerte bastión opositor, donde los resultados -difundidos con base en resultados de conteo rápido- discrepaban sobre quién ganó.

Con resultados extraoficiales Morales declaró anoche a su partido como vencedor, pues, con un juego numérico, expresó que obtuvo más concejales y gobernaciones que en 2005, cuando se realizaron comicios similares. Sin embargo Morales no mencionó que sus candidatos perdieron en siete de las nueve capitales departamentales, incluyendo La Paz, un duro golpe por tratarse de su fortín político y donde se daba por descontada la victoria.

Una décima ciudad, El Alto, que por ser una de las más pobladas del país tiene enorme peso político, sí se la adjudicó Morales pero con un 39% de los votos, un resultado sorprendente pues Morales ha dominado allí en todas las elecciones con votaciones por encima del 70%. La derrota del MAS en La Paz tiene otra consecuencia: el ascenso político de Juan del Granado, actual alcalde de esa ciudad, quien impuso a su candidato, Luis Revilla.

En el caso de Del Granado, "la gente respondió a un liderazgo local (y no nacional), tendencia que también se ha marcado en otras capitales departamentales, que es la de guardar distancia del oficialismo", afirmó el politólogo Gonzalo Rojas, docente de la estatal Universidad San Andrés de La Paz al explicar por qué Del Granado venció en La Paz.

Del Granado, un antiguo aliado de Morales, optó por presentarse con listas propias en varias ciudades, bajo la bandera del Movimiento Sin Miedo, y logró el triunfo en la capital política y en Oruro, donde, anecdóticamente, el candidato del MAS, Félix Rojas, se sentía tan seguro de vencer que festejó por anticipado.

Las otras dos derrotas importantes para el presidente fueron en los dos departamentos más ricos del país, Tarija y Santa Cruz. En Santa Cruz, motor de la economía boliviana y bastión de la oposición, el gobernador Rubén Costas -considerado como uno de los grandes rivales del presidente- fue reelegido con más del 50% de los votos.

El hecho de que Morales no refrendara en la elección regional su triunfo aplastante (64%) de la presidencial de diciembre, es una señal clara de que el pueblo boliviano busca equilibrios de poder político y evitar la confrontación ideológica que ha marcado la gestión de Morales, según analistas.

"Lo que estamos viendo es una restitución de los equilibrios que había en las elecciones del 2005" con un gobierno nacional y una oposición regional fuertes, señaló por su lado cientista política Ximena Costa, de la Universidad Andina Simón Bolívar.

Para el analista Ricardo Paz, profesor de sociología de la Universidad San Andrés, la votación del domingo "es el restablecimiento del equilibrio político en el país, porque daba la impresión (hasta antes de la elección) de que el Movimiento Al Socialismo se convertiría en hegemónico".

Para el ex presidente conservador Carlos Mesa (2003-2005), el resultado electoral "recompone el escenario político y obliga a una reflexión general, que debería obligar al gobierno a plantear una opción de diálogo", afirmó el ex mandatario.