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El primer ministro ruso Vladimir Putin y su homólogo polaco Donald Tusk visitaron ayer miércoles la localidad de Katyn (oeste), donde rindieron homenaje a los miles de oficiales polacos asesinados en 1940 por la policía política de Stalin, en un gesto largamente esperado por Varsovia.

Los dos dirigentes, cuyos países mantienen relaciones tensas, rindieron homenaje también a las miles de víctimas soviéticas del terror estalinista, que descansan al lado de los oficiales polacos en el bosque de pinos cerca de Smolensk.

“Un crimen no puede justificarse de ninguna manera”, indicó el dirigente ruso durante una ceremonia oficial en el cementerio de Katyn. “Estamos obligados a preservar la memoria del pasado. No podemos cambiar ese pasado, pero podemos restablecer la verdad y la justicia histórica”.

Durante medio siglo la Unión Soviética achacó a la Alemania nazi la responsabilidad de la masacre recordada con amargura por el pueblo polaco, hasta que en 1990 el presidente Mijail Gorbachev reconoció la culpabilidad de Moscú.

“La mentira fue mantenida por décadas, pero no debemos cargar esa mentira sobre los hombros del pueblo ruso”, afirmó Putin, señalando “el lado inhumano del totalitarismo”, responsable de “la muerte como mártires de ciudadanos soviéticos y de oficiales polacos”.

La visita de Putin fue la primera de un jefe de gobierno ruso al sitio de los hechos. En cambio, los presidentes y jefes de gobierno polacos suelen visitarlo con frecuencia a título semiprivado.

Homenaje sin precedentes

Si bien el homenaje era un hecho sin precedentes, Putin no mencionó en ningún momento la palabra perdón, algo que muchos polacos consideran fundamental para que las relaciones entre los dos países mejoren.

“La verdad puede movilizar a nuestros pueblos, que buscan la vía de la reconciliación”, indicó por su parte el primer ministro polaco, señalando que Rusia y Polonia todavía tenían “un camino a recorrer para la reconciliación”.

“¿Podemos transformar una mentira en la reconciliación? Tenemos que creerlo”, añadió Tusk.

En total unos 22.000 oficiales polacos --capturados tras la invasión del este de Polonia por el Ejército Rojo, en virtud del pacto entre Berlín y Moscú-- fueron ejecutados por la NKVD (ancestro de la KGB) entre abril y mayo de 1940.

Aunque las ejecuciones se llevaron a cabo en diferentes lugares, Katyn se convirtió en el símbolo de la masacre por ser el lugar donde los nazis encontraron las fosas comunes en 1943.

“Es muy importante para nosotros poner los puntos sobre las ‘ies’, (decir) que fue la NKVD quien lo hizo y no los alemanes”, señaló la historiadora rusa Natalia Lebedeva, presente en la ceremonia del miércoles.