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  • AFP

El derrame de petróleo en el Golfo de México, el peor en décadas en Estados Unidos, amenaza con agravarse pese a que ya fueron desplegados medios excepcionales para contenerlo, mientras se espera para mañana la llegada del presidente Barack Obama a la zona.

Varias operaciones están en marcha, indicaron guardacostas y la petrolera británica British Petroleum (BP), responsable de la plataforma que se hundió el 22 de abril, y provocó una fuga de crudo que aún se mantiene. Varios equipos trabajaron toda la noche para inyectar 11.400 litros de dispersantes, aunque todavía no se conocen los resultados. Equipos de emergencia se desplazaron a las costas amenazadas para realizar operaciones de limpieza, y BP puso a disposición un número telefónico gratuito para voluntarios.

Más de 84 km de diques flotantes fueron desplegados para intentar contener la mancha de crudo. Más de 3,8 millones de litros de petróleo mezclado con agua fueron ya retirados del mar.

Otras dos plataformas petroleras en el Golfo de México debieron detener sus operaciones por razones de seguridad y una fue evacuada.

Desvían aguas del Mississippi
Una parte de las aguas del Mississippi, el mayor río del país, estaba siendo desviada en dirección de los humedales para contener la marea negra, decretada "catástrofe nacional" por la administración, lo que permite utilizar medios de todo el país.

La mancha triplicó su tamaño en los últimos días y alcanza los 9.000 km2, comparable a la isla de Puerto Rico, según un centro de análisis de imágenes satelitales de la Universidad de Miami.

Al mismo tiempo BP proseguía sus esfuerzos para contener la fuga, expresó su portavoz, John Curry. Cuatro sumergibles trataban de cerrar la válvula de seguridad del pozo. "No sabemos por qué (la válvula) no se activó", reconoció Curry. Simultáneamente, la empresa trata de formar un gran "tapón" de 70 toneladas para bloquear la salida, una obra que puede durar varias semanas.

Obama visitará zona afectada
Según Obama, 1.900 funcionarios federales dotados de 300 barcos y aeronaves se encuentran en la zona. El mandatario estará en el lugar mañana para "apreciar la fuga de petróleo y la reacción" de las autoridades, indicó la Casa Blanca. El mandatario pretende demostrar que sigue de cerca la situación, cuando las críticas dirigidas a su predecesor, George W. Bush, por la lenta reacción frente al huracán Katrina en 2005 siguen estando en la memoria de los estadounidenses.

El gobierno designó hoy al almirante de guardacostas Thad Allen para dirigir las operaciones contra la marea negra, según se informó en un comunicado. Allen fue uno de los pocos funcionarios públicos en recibir elogios por su desempeño en las tareas de rescate y recuperación llevadas a cabo tras el paso del huracán Katrina, que azotó la región del Golfo de México en 2005.

La producción de gas y petróleo en la zona del derrame no se verá afectada, así como no impedirá el vital transporte marítimo frente a las costas del sur de Estados Unidos, precisó.

La marea negra amenaza con provocar la peor catástrofe ecológica de Estados Unidos. Los guardacostas estiman que la fuga de petróleo podría agravarse considerablemente, derramando millones de litros de crudo cada día, informó hoy el diario The Mobile Press-Register. El volumen de petróleo que fluye al mar podría multiplicarse a 800.000 litros diarios, agrega el diario.

Empujada por fuertes vientos del sudeste, las primeras capas de petróleo tocaron el jueves de noche los humedales cercanos a la desembocadura del Mississippi. Centenares de km de costas están amenazados en Luisiana, Mississippi, Alabama y Florida, región que representa el 40% de los humedales frágiles del país. Los estados de Alabama y Mississippi decretaron el estado de emergencia después de lo que hicieran Luisiana y Florida, donde se espera que el lunes llegue la mancha de petróleo.

Por otro lado, se han presentado al menos ocho demandas ante los tribunales de las regiones amenazadas, esencialmente por pescadores, que acusan a BP de "negligencia". El director ejecutivo de BP, Tony Hayward, mencionó al Financial Times que "no fue nuestro accidente, pero es nuestra responsabilidad limpiar" la mancha. "Las demandas legítimas (de los afectados) serán contempladas".

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