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La codicia generada por las oportunidades de negocio del Mundial de Sudáfrica sólo ha generado un escándalo de corrupción, pero abundan las sospechas de clientelismo, una lacra común en el país, que ensombrece la cita deportiva.

Los 'mega-eventos' siempre presentan el riesgo de que haya "sobornos, fraudes y extorsión", según escribe el Instituto para Estudios de Seguridad (ISS) en un libro titulado 'Jugador y árbitro: conflictos de intereses y el Mundial de 2010'. En Sudáfrica, este peligro parece haberse manifestado en el marco de la construcción del estadio de Nelspruit, una infraestructura valorada en 1.000 millones de rands (100 millones de euros).

El presidente del consejo de la aglomeración urbana, Jimmy Mohlala, denunció malversaciones durante la atribución de las obras del estadio a una empresa sudafricana y a otra francesa. Un informe independiente reafirmó esas denuncias y, en febrero de 2009, las autoridades provinciales despedieron al grupo de personas del municipio que gestionaron la oferta pública.

Un año más tarde, Jimmy Mohlala, murió por disparos realizados por dos hombres enmascarados que irrumpieron armados en su domicilio, un crimen que la policía todavía investiga. Este caso es el único vinculado al Mundial que se ha registrado en Sudáfrica hasta la fecha, y eso que el país se ha gastado 2.000 millones de euros en el torneo. Aún así, hay algunas investigaciones abiertas que conciernen pequeñas actividades, como las que tienen que ver con zonas de ocio para disfrutar de los partidos del Mundial y con la construcción de un estadio de entrenamiento en Mthatha (oeste).

"Los programas de infraestructuras del Mundial han sido más bien limpios en la mayoría de los casos", estima Anthony Butler, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo. Según él, la fiesta del fútbol ha permitido ilustrar los problemas de clientelismo que, aunque no son ilegales, estropean el clima del mundo de los negocios sudafricano. "Parece que hay un crecimiento importante de las relaciones de clientelismo en los mercados estatales. En todos los niveles de gobierno, la atribución de contratos parece estar determinada por las relaciones políticas, personales, familiares", dice el universitario.

¿Corrupción?
Ésta también es la preocupación del ISS, que cita como ejemplo de esas prácticas la construcción del estadio de Durban (sudeste), cuyo coste se ha elevado a 3,1 mil millones de rands (unos 300 millones de euros). "Aunque no haya ninguna prueba de corrupción, la construcción del nuevo estadio ha favorecido de manera muy clara a las grandes empresas de obras públicas" y a "la élite política local", según el instituto.

En Sudáfrica, más de 50.000 funcionarios también dirigen empresas y, en 2006, más de 600 millones de rands en ofertas públicas (60 millones de euros) les han sido atribuidos, a ellos o a sus familiares más próximos, según un informe oficial.

Sudáfrica no deja de perder credibilidad en el ránking de Transparency International sobre la corrupción en el ámbito de los negocios. En 2009, Sudáfrica ocupó la 55ª posición, pese a que en 2000 se situaba en el número 34. Ante esta situación, "muchos líderes del ANC están horrorizados. Pero al mismo tiempo, buena parte de ellos deben mostrar más compromiso" contra el clientelismo, según Anthony Butler, comenzando por el presidente del país, Jacob Zuma.

Desde que llegó al poder hace un año, no deja de prometer que será duro con los políticos que han cometido irregularidades. Pero, pocas semanas antes de su victoria electoral, fue inculpado por corrupción, aunque la Justicia abandonó la causa por un error en la forma de desarrollar el proceso.

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