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Con el rescate de cuatro uniformados rehenes de las FARC, el presidente colombiano Álvaro Uribe dio un duro golpe a esa guerrilla, arrinconada por su política de seguridad, a la cual le queda escaso margen para una negociación con el nuevo gobierno que asumirá el siete de agosto.

El rescate entre domingo y lunes de tres oficiales de la Policía y un suboficial del Ejército que habían sido rehenes de las FARC durante casi doce años, dio un impulso a la popular política de mano dura ante las guerrillas que ha caracterizado los ocho años de gobierno de Uribe, y que propugna también el candidato oficialista a la presidencia, Juan Manuel Santos.

“Se trata de un golpe político y militar muy duro para las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, comunistas) porque les resta mucho del mínimo espacio que tenían”, opinó Álvaro Villarraga, de la Fundación Cultura Democrática.

Esa acción militar exitosa “debilita mucho la posibilidad de una negociación para un canje humanitario (de secuestrados por guerrilleros presos) y fortalece la línea de los rescates militares”, añadió.

Uribe, elegido en 2002 y reelecto en 2006, dejará la presidencia en mes y medio con una tasa de aprobación de su gestión superior al 70%. En estos años, las fuerzas de seguridad pasaron de 220.000 a 425.000 hombres, mientras que las FARC vieron mermar a sus combatientes de unos 17.000 a entre 7.500 y 10.000.

Santos, continuador de “mano dura”
Como favorito de las encuestas para la segunda vuelta presidencial del próximo domingo figura Santos, quien como ministro de Defensa de Uribe (2006-09) propinó los más duros golpes a las FARC, entre ellos el rescate hace dos años de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, tres estadounidenses y once policías y militares.

Para el politólogo Alejo Vargas, de la Universidad Nacional, este rescate a poco de entregar Uribe la presidencia, muestra a una guerrilla “cada vez más desprestigiada y arrinconada”, en contraste con la situación de 2002 en que el día de su toma de posesión las FARC hizo un atentado cerca del palacio de gobierno que dejó 25 muertos.

León Valencia, de la Fundación Nuevo Arcoiris, que estudia el conflicto armado en Colombia, consideró que esta acción militar constituye “un mensaje muy fuerte y definitivo, porque los rescates que más peso tenían para la opinión pública ya se han hecho”.

Quedan 19 uniformados en poder de guerrilla

Las FARC mantiene aún cautivos a 19 uniformados y un número indeterminado de civiles por motivos económicos.

“Aunque el rescate militar es una operación muy arriesgada, el gobierno lo hace, porque siempre ha encontrado el respaldo de la opinión pública, incluso cuando sale mal”, como ocurrió en 2003 con el gobernador del departamento de Antioquia Guillermo Gaviria, el ex ministro de Defensa Gilberto Echeverri y ocho soldados, muertos en el intento de su liberación, señaló Valencia.

Para Vargas, influye también el hecho de que las fuerzas militares colombianas, que cuentan con apoyo de Estados Unidos, han adquirido “mayor capacidad para golpear a estos grupos, y el nivel de riesgo de esas operaciones es cada vez menor”.

Sin embargo, Villarraga destacó que ahora se torna “improbable y difícil un próximo rescate”.

“Las FARC deben estar trasladándolos y subdividiéndolos en grupos más pequeños, tomando todas las precauciones para impedir que algo así se repita”, aseveró.