•   BOGOTÁ / AFP  |
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El Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, electo en 2002 y reelecto en 2006, pero que vio cerrada la posibilidad de optar a un tercer mandato por decisión de la Corte Constitucional, quedará en la memoria de sus compatriotas como el hombre que puso cerco a la guerrilla de las FARC.

Uribe, un abogado de derecha de 57 años, es considerado como el principal aliado de Estados Unidos en América Latina, donde en los últimos años han proliferado los gobiernos de izquierda, varios de los cuales se autodefinen como “antiimperialistas”.

Dotado de una fuerte personalidad, Uribe, ex gobernador del departamento de Antioquia (noroeste), ofreció “autoridad” a los colombianos en su primera campaña presidencial, y ocho años después de su llegada al poder mantiene una popularidad superior al 70%.

Ese nivel de aceptación se apoya en la política de “seguridad democrática”, de combate frontal ante la guerrilla, que el mandatario pidió insistentemente continuar a lo largo de la campaña electoral.

Pero los logros que exhibe en materia de seguridad en Colombia, contrastan con las dificultades que su gobierno ha enfrentado en las relaciones con sus vecinos, sobre todo con los presidentes izquierdistas de Venezuela, Hugo Chávez, y de Ecuador, Rafael Correa.

Uno de sus mayores éxitos en la lucha contra la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fue la muerte de su número dos, Raúl Reyes, en marzo de 2008, en el ataque a un campamento rebelde en territorio ecuatoriano.

Ese hecho se tradujo en la ruptura de relaciones con Ecuador, restituidas en noviembre de 2009. Además, desencadenó crecientes tensiones con Venezuela, hasta que en julio de 2009 Chávez decidió “congelar” sus relaciones, en rechazo al acuerdo militar suscrito por Colombia con Estados Unidos.

De contextura menuda, el mandatario se caracterizó por dirigirse a los colombianos sin intermediarios, a través de los “consejos comunales” que realiza semanalmente en poblaciones de provincias, donde explica su política con un vocabulario accesible, a menudo vestido con un poncho típicamente colombiano.

“Uribe ha impregnado la sociedad colombiana. Probablemente, en sus ocho años de mandato haya dado la mano a unos 15 millones de colombianos”, comentó hace pocos días un consejero del nuevo presidente electo Juan Manuel Santos.

El gobierno de Uribe ha sido duramente criticado por las violaciones a los derechos humanos atribuidas a su Ejército, acusado de cientos de ejecuciones extrajudiciales, e incluso por los vínculos entre los grupos políticos que lo apoyan y las milicias paramilitares de ultraderecha, que se disolvieron entre 2003 y 2006, y a las que se acusa de haberse infiltrado en numerosas instituciones, entre ellas el Congreso.

Aunque presenta un buen balance en lo económico, con crecimiento sostenido (picos de entre 6 y 7% anual) e inflación bajo control (2% anual), el gobierno de Uribe deja un saldo negativo en lo social, con 46% de la población bajo la línea de pobreza y 12% de desempleo, uno de los índices más altos de la región.