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  • AFP

Rusia se mostró hoy muy indignada con las autoridades estadounidenses, tras anunciarse el arresto de diez presuntos espías rusos en Estados Unidos, aunque el primer ministro Vladimir Putin se mostró confiado en que el caso no deteriore las relaciones bilaterales.

Moscú reconoció la presencia de ciudadanos rusos entre los sospechosos detenidos, pero aseguró que "no cometieron ningún acto dirigido contra los intereses de Estados Unidos". "Sobre las acusaciones presentadas por Estados Unidos sobre un grupo de personas sospechosas de espionaje en favor de Rusia, informamos que ello concierne a ciudadanos rusos que se encontraban en territorio estadounidense en momentos diferentes", indicó el ministerio ruso de Relaciones Exteriores, exigiendo que los detenidos sean tratados correctamente y tengan acceso a los servicios consulares rusos.

Las autoridades estadounidenses anunciaron ayer que desmantelaron una red de espionaje y detuvieron a diez personas acusándolas de trabajar en Estados Unidos a cuenta de Rusia. El primer ministro ruso, Vladimir Putin, aseguró esperar que el asunto no perjudique la reactivación de las relaciones bilaterales.

"La policía ha ido un poco lejos y puso a gente en la cárcel", declaró Putin al ex presidente estadounidense Bill Clinton, de visita en Rusia. "Contamos con que esto no afecte a todo lo positivo acumulado estos últimos años", continuó en declaraciones realizadas en su residencia de las afueras de Moscú.

Cinco de las diez personas detenidas el domingo en Estados Unidos comparecieron ayer en Nueva York ante un juez federal que ordenó que permanezcan en prisión preventiva. Una persona había escapado a la redada.

Detienen a sospechoso canadiense
Una fuente policial chipriota anunció hoy el arresto de un sospechoso en el aeropuerto de Larnaca, por pedido de la Interpol. Se trataría de un canadiense, Robert Christopher Metsos, de 54 años, buscado por el caso de espionaje. Las autoridades chipriotas lo dejaron en libertad a la espera de su extradición contra una fianza de 26.500 euros (32.000 dólares).

Los detenidos durante la redada dicen ser estadounidenses, canadienses o peruanos, según las dos querellas interpuestas contra ellos por la justicia estadounidense y en las que no se precisa su nacionalidad. Entre ellos figura Juan Lázaro, al parecer un peruano nacido en Uruguay, y su esposa, que dice llamarse Vicki Peláez, una peruana nacionalizada norteamericana. Están acusados de actuar como agentes de un gobierno extranjero, lo que conlleva una pena máxima de cinco años de prisión. Además nueve de ellos están inculpados por conspirar para lavar dinero, cargo por el que se puede pedir una pena máxima de 20 años de cárcel.

Investigación de Gran Bretaña e Irlanda
Por su parte, Gran Bretaña e Irlanda indicaron hoy que investigaban informaciones sobre una posible utilización de pasaportes británicos e irlandeses falsos por algunos de los detenidos en este caso.

El Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR), en primera línea de los acusados según las autoridades estadounidenses, no quiso hacer comentarios. El Kremlin tampoco quiso pronunciarse y estima que el jefe del Estado es el único habilitado para hacerlo.

Según la justicia estadounidense, los sospechosos fueron formados por el SVR para "obtener informaciones" "infiltrándose en los círculos políticos norteamericanos". El desmantelamiento de la red es el resultado de diez años de investigaciones del FBI. Los investigadores descubrieron un arsenal de medios de comunicación, como una técnica de codificación de datos en fotografías colgadas en páginas web anodinas, o radios de onda corta para contactar directamente con Moscú.

El caso reúne todos los elementos de una novela de espionaje: mensajes codificados, dinero en efectivo entregado por emisarios rusos durante estadías en países latinoamericanos, idas y venidas a Moscú a través de Roma, pasaportes falsos, transporte y entrega de ordenadores portátiles... El SVR es sucesor del KGB, el servicio de inteligencia de la Unión Soviética, para el que trabajó el primer ministro ruso Vladimir Putin.

Desde la caída de la URSS, el contraespionaje y la inteligencia interior corren a cargo del Servicio Federal de Seguridad (FSB), dirigido por Putin desde 1998 a 1999.