•   BERLIN / EFE  |
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Dos días después de la tragedia de la “Loveparade”, y mientras los familiares de las víctimas extranjeras se hallan ya en Alemania para repatriar los restos mortales, crece la presión sobre el Ayuntamiento, la Policía y los organizadores por los fallos en la seguridad de la fiesta.

En Duisburgo, la ciudad en la que se produjo el sábado la tragedia, diversas revelaciones colocaron en una incómoda situación al Ayuntamiento, la Policía y los organizadores, muy criticados desde los medios de comunicación alemanes por autorizar el evento, en el que fallecieron un total de 20 asistentes, ocho de los cuales extranjeros.

Un día después de conocer que los bomberos habían advertido ya meses antes de lo inseguro del emplazamiento de la “Loveparade”, un informe de la edición “online” del semanario “Spiegel” destacaba que varios protocolos de seguridad no fueron observados.

De acuerdo con este medio, los organizadores de la “Loveparade” no observaron la anchura mínima prevista para acceso y salida de emergencia. Asimismo destaca que había quedado claro en el informe preliminar que en ese recinto sólo podían autorizarse concentraciones de hasta 250.000 personas.

Algunas voces críticas subrayaron que una ciudad con escaso medio millón de habitantes y sin recintos para acoger fiestas multitudinarias como lo ha sido siempre “Loveparade”, debería haber declinado acoger este evento, como lo hizo el año pasado la vecina Bochum, de parecidas características, precisamente por no sentirse en condiciones de ofrecer la seguridad necesaria.