•   BOGOTÁ y MÉXICO / EFE  |
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No hay supervivientes en el derrumbe de tierra, lodo y piedras que sepultó el lunes a unas 30 personas en el noroeste de Colombia, admitieron ayer las autoridades que coordinan en la zona el rescate de las víctimas.

“Es oficial. No hay supervivientes”, dijo a EFE, John Freddy Rendón, director del Departamento Administrativo de Prevención, Atención y Recuperación de Desastres (Dapard) del departamento de Antioquia (noroeste), donde se produjo la tragedia.

Por ahora, no se ha podido rescatar “ningún cuerpo”, indicó Rendón al detallar que está siendo “difícil” remover la gran cantidad de tierra y escombros que sepultaron a la gente, y “ha caído demasiada lluvia” en el lugar, lo que complica aún más las tareas.

El derrumbe, provocado por las fuertes lluvias en la zona, se produjo el lunes cerca del municipio de Giraldo, en la carretera que comunica la capital de Antioquia, Medellín, con el mar Caribe.

Cuando ocurrió el alud, las viviendas de la zona ya habían sido desalojadas, pero decenas de personas se encontraban en la carretera haciendo un transbordo entre dos autobuses, a pesar de que se habían producido otros derrumbes en días anteriores y las autoridades habían prohibido el paso por la zona.

Gracias a información facilitada por familiares, las autoridades han podido identificar a 10 personas, todas ellas de la zona de Urabá, que “con certeza” están sepultadas, sostuvo el director del Dapard.

Entre ellas hay un menor y un policía que intentó salvar a una mujer y a su bebé en el momento del alud.

Exagerada alarma desata polémica en México
Mientras tanto, en Tlahuitoltepec, México, la comunidad indígena de Tlahuitoltepec, en el sureño estado mexicano de Oaxaca, se encontraba ayer en medio del escándalo, debido a que un alud que cubrió cuatro casas y dejó 11 personas desaparecidas fue presentado en principio como una tragedia nacional con hasta un millar de potenciales víctimas.

Cientos de soldados, brigadas de rescate, helicópteros, excavadoras, funcionarios del Gobierno de Oaxaca y del Ejecutivo federal y periodistas se desplazaron apresuradamente el martes a esta comunidad de 8,900 personas, de la etnia mixe, porque se creía que estaba sepultada bajo la tierra de un cerro desgajado.

El martes por la mañana el gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, con tono compungido, anunció que un alud de tierra había enterrado unas 300 viviendas y que podía haber muerto hasta un millar de personas.

El presidente de la Cruz Roja, Daniel Goñi, dijo a EFE, cuando apenas se difundió la noticia, que la tarea de calcular el número de víctimas era “casi como determinar la erupción de un nuevo volcán”.

Mientras la noticia se extendía, numerosos mandatarios extranjeros ofrecieron su ayuda a México.

El martes por la noche un grupo de soldados logró pasar los cerca de 30 derrumbes que había en la carretera que conecta la comunidad afectada con la población turística de Mitla, seguidos de varios periodistas en vehículos todo terreno.